Diana M. Scalera
Baruch College, CUNY
April 30, 1990
EL TEXTO SENTIMENTAL COMO INTERTEXTO Y PROVOCACION EN DOS ESCRITORAS
ESPAÑOLAS CONTEMPORANEAS
Las referencias a las novelas rosa y a otros textos semejantes aparecen
con frecuencia en a1gunas obras de escritoras contemporáneas.
Aunque los críticos conceden que dentro de la literatura actual
existe este género literario, tradicionalmente han mantenido
su distancia de la novela rosa y pocos han analizado el papel importantísimo
que juegan estos textos. Una posible razón puede ser que la novela
rosa tenga mala fama tanto entre los defensores de la "alta cultura"
como entre los expertos de la cultura popular. Además, en sus
novelas, las escritoras mismas muestran una ambivalencia hacia la novela
rosa. Al mismo tiempo que estas autoras pueden ser atraídas por
las técnicas y el lenguaje de la novela rosa, sus protagonistas
luchan contra el aspecto mítico reconociendo que estos textos
no forman parte de la literatura "legítima" por ser
"fantasías femeninas" o peor, pornografía. Sin
embargo, recientemente los críticos feministas han empezado a
estudiar el significado que tiene esta lectura para la lectora de la
novela rosa. Así es posible extrapolar las conclusiones de la
crítica para describir y analizar la manera en que la autora
contemporánea española se apropia de la novela rosa y
textos semejantes en sus obras.
En este estudio exploraremos la presencia de la novela rosa y textos
similares en dos novelas contemporáneas: El cuarto de atrás
(1978) de Carmen Martín Gaite, en la cual la protagonista (¿una
figura semi-autobiográfica?) recuerda sus experiencias como lectora
de la novela rosa y finalmente acaba por escribir una novela con muchos
aspectos "rosa," dándole un mito bastante moderno en
el cual la mujer consigue su propia autonomía; y, El amor
es un juego solitario (1979) de Esther Tusquets, en la cual la protagonista
escribe acerca de su intento de vivir la fantasía que recuerda
de un texto erótico que había leído de joven.
Para entender el impacto de la novela rosa y otros textos semejantes,
vamos a utilizar una definición muy amplia de esta literatura
que incluye las novelas rosa, las fotonovelas, las radionovelas, y las
telenovelas, que Alvaro Barros-Lémez identifica en su conjunto
como "textos sentimentales" (172).(1)
A esta serie de textos añadimos las canciones de amor, especialmente
los boleros, y otros textos producidos por la cultura los cuales usan
imágenes de amor(2)
porque aparecen en la narrativa y tienen la misma función de
los demás textos. Lo que nos interesa son estos textos que tienen
un carácter sentimentalmente amoroso en los que el argumento
se desenvuelve alrededor de una protagonista. La tarea básica
de esta mujer es buscar un héroe de quien ella pueda estar enamorada
eternamente. La búsqueda de "marido perfecto" se desarrolla
como la única cuestión de importancia en la vida femenina.(3)
Ambas autoras que vamos a estudiar eran niñas durante el principio
de la época franquista y por eso, este mito de amor tuvo fuertes
repercusiones para las protagonistas de sus novelas.
Las protagonistas demuestran una actitud contradictoria hacia los textos
sentimentales y, no quieren rechazarlos por completo. Esto sería
igual a negar su papel como lectoras. Las protagonistas son mujeres
de este mundo en el cual lo femenino es devaluado como lo es la lectura
predilecta de las muchachas. Sin embargo, quieren preservar los aspectos
que inspiraron su imaginación juvenil: para Martín Gaite
es el proceso del enamoramiento, y para Tusquets es la tensión
sexual. Al mismo tiempo reconocen que no pueden cumplir su misión
de ser escritoras si viven entre los límites de los textos sentimentales.
Estos límites niegan la necesidad de autonomía por parte
de la mujer y sugieren que la única esperanza de satisfacción
femenina sería como esposa y madre. La solución para las
escritoras es imitar las técnicas mientras que reescriben el
mito.
El conflicto con el mito está basado en la lucha de los veinte
últimos años en que el punto de vista patriarcal en cuanto
al papel de la mujer en la sociedad ha sido desafiado por las mismas
mujeres. Las escritoras españolas han participado en el reto.
Elizabeth Ordóñez explica este fenómeno:
...contemporary Spanish narrative texts by women share a common theoretical
impulse: a tendency to demythify patriarchal or phallic myths that have
bound or deprived women of being and autonomy, and a desire to free
female discourse, and by extension female existence from their historical
constrictions ( "Rewriting" 9).
La inclusión de los textos sentimentales en las novelas de estas
escritoras es un intento de desmitificar las tradiciones patriarcales.
El hecho de que se criaron durante los años franquistas, en los
cuales la política y la propaganda de Franco controlaban el "mito"
de los textos sentimentales de una manera que reproducía la política
patriarcal, nos va a ayudar en nuestra investigación sobre el
impacto que este mito ha tenido sobre las autoras contemporáneas.
Podemos decir que estos textos les han enseñado a las autoras
"su papel femenino"; es necesario, entonces, reescribir el
mito que, tal vez, hubiera sido un obstáculo en su tarea de llegar
a ser escritoras o personas autónomas. Veremos que el mito de
una mujer en busca de su amante ideal se metaforiza dentro del texto
por la presencia de la lectora/escritora en busca de su voz narrativa.

En años anteriores, la cultura popular era una diversión
producida por las masas para entretenerse a sí mismas. En el
mundo industrial moderno, sin embargo, la cultura popular ha llegado
a ser definida como las obras producidas por una industria para entretener
a las masas. Los textos sentimentales forman parte de este tipo de cultura
fabricada en masa.
Los críticos y el público no están de acuerdo
en cuanto a las características de los textos sentimentales ni
a los rasgos de la cultura popular. La popularidad de las escrituras
sentimentales se sigue extendiendo mientras que los críticos
debaten el por qué. Para Andrés Amorós, por ejemplo,
la novela rosa tiene tanto éxito porque satisface "los sueños
ocultos de una gran masa española: ideales de erotismo y lujo,
de sentimentalismo y vida fácil." Esto le parece "socialmente
condenable porque es, justamente, lo contrario de lo que hoy necesita
el pueblo español" (75). El cree que el papel en la sociedad
de la novela rosa es como el "opio" de las masas (56).(4)
Barros-Lémez, en su análisis, se enfoca en los creadores;
sostiene que están interesados solamente en sus ganancias. Para
aprovecharlo, necesitan "[to] present conformist situations and
apply values that do not contradict the dominant scales, so no polemic
arises." El define la novela rosa como un producto--algo ajeno
a la literatura--que presenta "the romantic loving element as an
answer to stress and anguish" (174). Tanto para de Amorós,
como para Barros-Lémez los textos sentimentales son como el opio
de las masas.
Aunque sus suposiciones no son completamente erróneas, el problema
está engendrado--a causa de este punto de vista--en la convicción
de que los lectores, los oyentes, o los espectadores no pueden aportar
sus propios significados a la obra. En un estudio de Janice A. Radway,
Reading the Romance: Women, Patriarchy, and Popular Literature
(1984), sobre la popularidad de las novelas rosa, las participantes
dicen que las leen principalmente por diversión y por su aspecto
evasivo:
...[R]omance reading was important ... because the simple event of
picking up a book enabled [the women] to deal with the particular pressures
and tensions encountered in their daily routine of activities. They
focused ... resolutely on the significance of the act of romance reading
rather than on the meaning of the romance (86).
En este estudio, la acción de leer una novela rosa por parte
de las mujeres es igual a un acto de rebeldía, porque tienen
que exigir a sus familias que les den el dinero para comprar los libros
y que les otorguen el tiempo libre para leerlos (87). Mientras que ellas
están leyendo los cuentos de amor que harían estremecerse
a las feministas, las lectoras se sienten más libres que antes.
Las protagonistas de Martín Gaite y Tusquets, en su papel de
lectoras de textos sentimentales reflejan la misma actitud que las participantes
del estudio de Radway.
Otro aspecto de los textos sentimentales que debemos tener en cuenta
es que la fórmula del argumento no es tan rígida como
uno pudiera creer. Aunque vamos a estudiar el impacto de esta escritura
en su forma más reaccionaria, es importante tener en cuenta de
que los textos sentimentales reflejan más el diálogo con
la actualidad sociopolítica del momento que una receta literaria
o una ideología política. Según John G. Cawelti
en su libro Adventure, Mystery and Romance: Formula Stories as Art
and Popular Culture:
...formulas become collective cultural products because they successfully
articulate a pattern of fantasy that is at least acceptable to if not
preferred by the cultural groups who enjoy them. When a group's attitudes
undergo some change, new formulas arise and exsisting formulas develop
new themes and symbols, because formula stories are created and distributed
almost entirely in terms of commercial exploitation (34).
Por ejemplo, en los años antes de la Guerra Civil existía
un periódico en España que efectivamente se llamaba La
novela rosa. Sus cuentos representaban la ideología de la
extrema derecha basada en un fuerte catolicismo; todas sus historias
terminaban con un amor feliz en que las protagonistas lograban o, acababan
de lograr un estado radiante como esposas (Coste 59, 61). Casi al mismo
tiempo había otro periódico que se llamaba La novela
del pueblo de tendencia anarquista. Las heroínas eran obreras
pobres y los héroes eran obreros buenos. Los enemigos de la pareja
eran usualmente miembros de la burguesía, o un obrero que fue
un traidor contra su clase. La mayoría de los cuentos terminaban
con amantes muertos o con la pareja separada por las fuerzas de la sociedad
(Magnien 253, 260).(5)
Después de la victoria de Franco, el texto sentimental de tipo
anarquista desapareció. En los años después de
la Guerra Civil, la censura de Franco eliminó la voz popular
del otro lado del espectro político y los textos sentimentales
tendían hacia la ideología patriarcal de Franco. Corín
Tellado, por ejemplo, es la autora de una serie de novelas rosa que
todavía sigue. En los años setenta, sus obras fueron las
más leídas del mundo según la prensa española
basada en las estadísticas de la Organización de las Naciones
Unidas (Fernández 380). Empezó su carrera en 1951 y es
socia de la Acción Católica, una organización católica
conservadora con el propósito de preservar los ideales de la
patria y de la familia española. En una entrevista, ella ha dicho
que nunca fue censurada durante la época franquista porque no
había necesidad. Su política era la misma que Franco.
Además, en esa época había escasez de papel y el
gobierno era é1 que decidía cuales de las obras valían
lo suficiente para ser imprimidas.Tellado nunca tuvo problemas (Fernández
387).
Otra autora famosa de la novela rosa de esa época, Carmen de
Icaza, fue miembro de la Sección Femenina de Falange.(6)
Su más famosa heroína de un texto sentimental, Cristina
Guzmán, profesora de idiomas, popularizó el axioma
"la vida sonríe a quien le sonríe, no a quien le
hace muecas." Esta frase llegaba a ser un modelo de comportamiento
de la mujer española durante esa época (Martín
Gaite, "Los usos" 40). Por la politica de los autores y las
características de la censura, los textos sentimentales llegaban
a reflejar la hegemonía de la política franquista.
En cuanto a la censura, las obras literarias deben pasar dos pruebas:
primero, la totalidad de la obra debía tener suficiente valor
para ser imprimida, ya que debido al alto nivel de analfabetismo el
gobierno quería dar preferencia a las obras "didácticas"
(Fernádez 387); y segundo, los textos eran sujetados a un escrutinio
muy riguroso. Según Manuel L. Abellán en su libro Censura
y creación literaria en España 1939-1976 (1980), no
había un corpus de criterios objetivos por los cuales los censores
funcionaban, por lo tanto, muchas veces sus decisiones eran arbitrarias
y "dependían de la tesitura mental de censor" (85).
Sin embargo, su estudio demuestra que los valores normalmente reflejados
en sus decisiones eran basados en "la tradicional cultura española
inspirada en supuestos ideológicos respaldados por la doctrina
católica" (16). Abellán identifica cuatro criterios
que los censores buscan eliminar: (1) moral sexual--las referencias
al sexo eran cambiadas a referencias amorosas, abstención de
referencias al aborto, homosexualidad y divorcio; (2) opiniones políticas
que no representaban la política del gobierno; (3) el "uso
del lenguaje considerado indecoroso, provocativo e impropio de los buenos
modales por los que se ha de regir la conducta de las personas que se
autodefinen como decentes"; y (4) referencias contra la religión
católica (88-89).

Al mismo tiempo que ha crecido el movimiento pro la liberación
de la mujer en los Estados Unidos, ha habido un aumento en la popularidad
de los textos sentimentales, especialmente en la forma de la novela
rosa. La mayoría de las feministas han censurado estos textos
como propaganda para mantener sumisa a la mujer. Pero otras, como Radway
han tratado de conciliar estos hechos contradictorios.
Utilizando las teorías sicológicas de Nancy Chodorow,
Radway explica la razón por la cual las lectoras se sienten satisfechas
con su lectura de la novela rosa. En la base de esta teoría encontramos
el sistema de la familia patriarcal en el que la madre cuida y el padre
domina a la familia.(7) En
esta estructura nuclear la función de la mujer es cuidar al marido
y a los hijos. Sin embargo, no hay nadie en esta estructura que tenga
la función de cuidar a la mujer. Ella, por lo tanto, tiene que
buscar otras maneras de satisfacer sus necesidades emocionales.(8)
Estas necesidades reflejan el deseo humano de duplicar la intimidad
primaria que se experimenta con la madre.
Volviendo a los textos sentimentales, vemos que Radway explica que
la novela rosa reconoce los deseos emocionales de la lectora y le asegura
que, tal vez, haya un hombre en su vida que va a satisfacer sus necesidades
emocionales aunque la sociedad patriarcal no haya creado ese tipo de
hombre.
...[T]he ideal romance initially admits the difficulty of relying on
men for gentleness and affective intensity, thus confirming the reader's
own likely experience, it also reassures her that such satisfaction
is possible because [according to the romance] men really do know how
to attend to a woman's needs...(140).
Encuentra también Radway que las características del
héroe al final de la obra parecen una amalgama de las caracteristicas
consideradas femeninas y masculinas en las cuales el héroe va
a satisfacer "the needs for fatherly protection, motherly care
and passionate adult love...perfectly" de la heroína (149).(9)
Las lectoras, por lo tanto, disfrutan de su lectura de los textos sentimentales
porque pueden sentirse cuidadas y emocionalmente satisfechas con su
identificación con la heroína. Propone Radway que al final
de la obra, la característica más importante del héroe
es su habilidad de duplicar con la heroína la intimidad primaria
con la madre, lo que a la mayoría de las lectoras les falta en
su vida. Por eso, muchas lectoras llegan a obsesionarse con una lectura
reiterada de textos sentimentales.
Aunque los textos ofrecen a la lectora una realización satisfactoria
experimentada por identificarse con la heroína y este reconocimiento
puede aliviar la desilusión de su vida por el momento, la lectura
reiterada puede llegar a ser un obstáculo en el desarrollo personal
de la lectora. El hecho de que la heroína de los textos sentimentales
normalmente no tiene otra tarea que buscar un amante que la ame y la
cuide, le quita la necesidad de la mujer de cuidar a sí misma
y de ser independiente o interesada en ninguna otra cosa que su amor
por el héroe. Podemos observar esta contradicción en las
novelas de nuestras autoras si examinamos la manera en que la obsesión,
o mejor dicho, la toxicomanía de sus protagonistas a los textos
sentimentales, interviene con su intento de ser escritoras.
Estas novelas empiezan con la desilusión de sus protagonistas
por los textos sentimentales. La promesa de que puedan ser cuidadas
por los hombres en el sistema patriarcal de la familia las han engañado.
Lo que tratan de hacer las escritoras es cambiar el mito patriarcal,
el mito dominante de una generación criada bajo el régimen
de Franco, por otro en que la autonomía de la mujer sea esencial
y en que su búsqueda sea por una voz narrativa adecuada.
Una solución que comparten las protagonistas de las dos obras
estudiadas aquí, es la producción de una novela "self-begetting."
Según la descripción de Steven Kellman, este tipo de novela
es "an account in the first person of the development of a character
to the point at which he is able to take his pen and compose the novel
we have just finished reading" (3). Hay dificultades al intentar
de utilizar otros límites que propone Kellman en relación
a las escritoras porque sus teorías suponen los autores son hombres
y la relación entre el autor y su libro se puede ver metafóricamente
como la relación entre padre e hijo. Aunque Kellman no admite
las diferencias entre hombre y mujer en su papel reproductor, podemos
utilizar su analogía del parto.
En el mundo fuera de la narrativa, el deseo de la mujer de tener un
hijo y cuidarle procede muchas veces de su deseo duplicar su intimidad
primaria con la madre. Si la mujer tiene un hijo, la responsabilidad
de su cuido inicialmente puede satisfacer este deseo. Sin embargo, el
hijo, no puede cuidar a la madre y, al fin y al cabo, la mujer quedará
insatisfecha emocionalmente. Además, la responsabildad de crear
un hijo puede significar el fin de su vida autónoma. Por otro
lado, dar luz a un niño en la forma de un libro puede satisfacer
los deseos emocionales de la autora sin causar malas consecuencias.
El proceso de escribir una novela sobre su propio desarrollo refuerza
el sentido de autonomía de la autora y a la misma vez, la mujer
aún conserva su independencia. Y, además, ella va a obtener
una relación íntima consigo misma.(10)
Al contrario de los textos sentimentales en que el héroe satisface
todo para la heroína, en las dos narrativas de Martín
Gaite y Tusquets, las protagonistas realizan su deseos emocionales de
una manera en que juegan amorosamente o sexualmente con el protagonista
pero, el elemento más importante es su relación con su
voz narrativa en la cual la novela documenta su desarrollo. Además,
es casi natural las escritoras se apropien de los textos sentimentales
porque es el único género en el que el protagonista principal
es siempre mujer. El deseo de incorporar esta literatura en sus obras
es un deseo de la escritora de validar su experiencia como lectora y
reflejar en sus obras las luchas de la vida femenina con la verosimilitud.
Como una consecuencia específica para la escritora, Joanna Russ
indica en su artículo, "What Can a Heroine Do? Or Why women
Can't Write" que el "Love Story" es el único mito
que la sociedad le permite a la escritora usar para crear una obra de
ficción. Todos los otros mitos en nuestra sociedad están
basadas en algún mito masculino. Según Russ, los autores
que consideramos los mejores, por ejemplo--Milton y Hemingway--son los
menos originales; Paradise Lost de Milton, está basado
en la Biblia, y el cuerpo de las obras de Hemingway está basado
en los mitos masculinos--el cazador, el guerrero, etc. Su arte consiste
en reescribir el mito de una manera en que aprendemos algo más
sobre sí mismos.(11)
Por lo tanto, podemos leer las novelas de nuestras autoras de dos maneras:
primero, como una declaración contra los límites impuestos
a la mujer por el sistema patriarcal, y, segundo, y no menos importante,
como una declaración contra los límites del "Love
Story" impuestos a la escritora por la sociedad.
Este dilema está relacionado con todas las escritoras cada país,
pero, con las de España, por hecho de la hegemonía de
la política franquista durante la postguerra, podemos estudiar
los efectos del patriarcado sobre la facultad de la escritora en forma
más pura. En los dos próximos capítulos exploraremos
con profundidad la manera en que Martín Gaite y Tusquets utilizan
técnicas y el mito de los textos sentimentales para desafiar
límites del sistema de la familia patriarcal y crear una nueva
alternativa para sus protagonistas y tal vez, para las escritoras.

El cuarto de atrás, la primera obra que escribió
Carmen Martín Gaite después de la muerte de Franco, ha
recibido muchos aplausos de los critícos y académicos.
Sin embargo, se han ignorado las referencias a los textos sentimentales
que se encuentran en esta obra clave del período postfranquista.
La opinión general es que la autora "integrates two narative
genres, the fantastic and the realistic, which classically are not congruent
[and] ... expands the horizons of the contemporary Spanish narrative
(Lipman Brown 13, 19).(12)
Aunque los críticos tienen razón, no han estudiado el
papel que juegan los textos sentimentales y por tanto sus conclusiones
no son completas. En esta obra, la tensión intertextual es una
interacción dinámica entre el género fantástico
y el género sentimental representada por un movimiento pendular
entre estos aspectos. Lo fantástico tiene que ver, según
Tzvetan Todorov en su obra The Fantastic: A Structural Approach to
a Literary Genre con una historia que mantiene al lector incierto
hasta la última palabra (25). Lo sentimental, al contrario, segun
la protagonista, se puede prever fácilmente. Este movimento pendular
refleja no sólo el ambiente sociopolítico de la postguerra
española sino también las esperanzas por una época
democrática después de la muerte de Franco en la cual
ha emergido una nueva mujer.
La novela empieza en un momento de insomnio de la protagonista que
comparte el mismo nombre y probablemente casi la misma vida que la autora.
Durante la noche un hombre misterioso viene para entrevistarla y el
discurso de ellos forma la mayor parte de la novela. Este discurso vacila
entre los recuerdos de la protagonista, su análisis de la postguerra
española, unas anécdotas y unas fantasías. Por
eso, la textura de la novela fluctúa entre narrativa, ensayo
y fluir de conciencia. Una llamada telefónica de una mujer, que
puede ser la novia del entrevistador, interrumpe el discurso, pero después,
ellos siguen con la entrevista. Al final de la novela, la protagonista
se levanta y encuentra que el hombre ha desaparecido y que en su lugar
aparece un manuscrito que relata todo lo que pasó durante la
noche anterior, llevando el mismo título de la novela

En esta obra, la novela rosa y los boleros son los textos sentimentales
que fascinan a la autora. Para ella, estos textos representan las únicas
oportunidades de las cuales la mujer puede aprovecharse durante la época
franquista. La novela rosa casi siempre se acaba con el casamiento de
los héroes, es un modelo para la mujer de la clase media, la
protagonista de nuestra novela. El "mal fin" para una novela
rosa al igual que para la propaganda de la Sección Femenina fue
"la negra amenaza de quedarse soltera" (93). La protagonista
expresa su descontento con la propaganda de esa época en lo que
se refiere a la novela rosa. Ella pregunta: "¿[P]or qué
tenían que acabar todas las novelas cuando se casa la gente?
... [A] partir de la boda, parecía que ya no había nada
más que contar, como si la vida se hubiera terminado" (92).
No obstante, la novela rosa es la forma del texto sentimental con la
cual la protagonista se identifica más enérgicamente y
es la que tiene que reescribir.
A la misma vez, los boleros servían una función parecida
a la novela rosa ("para mecer noviazgos abocados a un matrimonio
sin problemas" [151]), pero, en algunos casos contaban las "[h]istorias
de chicas que no se parecían en nada a las que conocíamos,
que nunca iban a gustar las dulzuras del hogar apacible con que nos
hacían soñar a las señoritas" (152). Estos
boleros, especialmente los de Conchita Piquer, una cantante popular,
representaron el destino triste de la mujer soltera--la mujer "marginada,
a la deriva, desprotegida por la ley" (152). La protagonista recuerda
en particular una que contaba una historia "de verdad" de
"una mujer de mala vida, vagando de mostrador en mostrador, condenada
a buscar para siempre el rastro de aquel marinero rubio ... que había
dejado ... un beso olvidado" (154). Esta canción la recuerda
la protagonista cuando habla con Carola, la mujer de la llamada telefónica.
Al fondo de la llamada, la protagonista Carmen, percibe que la música
es de un bolero. Carola busca a su amante infiel que se llama Alejandro
y ella tiene miedo de que él la vaya a dejar; el bolero es su
mito. Al contrario de Carmen, a Carola no le gusta escribir ("me
da mal escribir cartas y si son de amor peor, me parece un engaño"[161])
y es, por lo tanto, condenada a vivir entre los límites del bolero.

Se puede dividir el papel de los textos sentimentales en dos categorías
básicas: su función para la autora, y también para
la protagonista. En el caso de la autora, muchas veces los recuerdos
de las tramas de la novela rosa prefiguran los hechos de la trama en
El cuarto de atrás. Por ejemplo, cuando la protagonista
encuentra una carta dirigida a sí misma de un hombre desconocido,
se siente inspirada por una fantasía muy similar a la de la trama
de una novela rosa en que el hombre y la mujer se encuentran en la playa
y el hombre le pregunta la razón por la cual ella dibuja en la
arena. La protagonista contesta, "si quieres que te lo diga, siéntate,
porque es largo de contar" y piensa que "es incalculable lo
que puede ramificarse un relato cuando se descubre una luz de atención
en otros ojos" (22). El encuentro de un interlocutor es el tema
de un ensayo de Martín Gaite. En "La búsqueda de
interlocutor" (1973) nota: "que si el interlocutor adecuado
no aparece en el momento adecuado, la narración hablada no se
da" (20). Esta escena da preludio a la apariencia y la función
del "hombre de negro" (el entrevistador). Además, desde
el principio hasta al final de la novela, las fantasías basadas
en la lectura de los textos sentimentales preceden a las acciones o
las palabras de la protagonista. La protagonista misma declara: "Siempre
hay un texto soñado, indeciso y fugaz, anterior al que de verdad
se recita, barrido por é1" (40). En muchos casos, este texto
soñado es un texto sentimental.
Para la protagonista, los textos sentimentales son el marco de sus
fantasías en el que puede entender el mundo y predicar el futuro.
Por ejemplo, cuando la protagonista habla de Carmencita, la hija de
Franco, utiliza los límites del mundo "rosa" para entender
la vida de la famosa muchacha. La protagonista comenta: "Influida
por la lectura de las novelas rosa, que solían poner un énfasis
lacrimoso en las insatisfacciones de las ricas herederas, pensaba en
la niña de Franco como en un ser prisionero y sujeto a maleficio"
(64).
Además, cuando era niña pensaba que "[a]lgún
día tendré penas que 11orar, historias que recordar, bulevares
anchos que recorrer, podré salir y perderme en la noche"
(15). Claro que su primer encuentro con un hombre fue un desastre. En
una escena marcada por una mujer que está cantando un bolero,
la protagonista se atreve a mirar a un hombre cara a cara por primera
vez. "[E]n aquellos instantes se concentraron todos los sueños,
aventuras y zozobras del amor imposible" (52). Este melodrama viene
directamente de la novela rosa. Por fin, su intento de hacer contacto
con él hombre fue interrumpido por la noticia de que había
fracasado un atentado a Hitler y ella nunca tendría oportunidad
de verlo otra vez.

La protagonista ha prometido escribir dos novelas: una novela fantástica
y una novela sobre "los usos amorosos de la postguerra" (73).(13)
Para la protagonista, sin embargo, "es difícil escapar a
los esquemas literarios de la primera juventud [la novela rosa], por
mucho que más tarde se reniegue de ellos" (141). Ella es
como una adicta tratando de escaparse del poder de su toxicomanía.
Cada vez que ella quiere seguir con la narración fantástica,
una fantasía "rosa" se entremete. Para mantener su
camino en el propósito de escribir una novela fantástica,
ella necesita tocar el libro de Todorov y usar unas frases de Todorov
como ensalmos, o depender de la ayuda del "hombre de negro."
En el primer capítulo, cuando la protagonista está recordando
sus fantasías "rosa" de niña, tropieza con el
libro de Todorov que "habla de los desdoblamientos de personalidad,
de la ruptura de límites entre tiempo y espacio, de la ambigüedad
y la incertidumbre" (19). Ella empuja el libro con el pie y encuentra
la carta de amor de un hombre desconocido. Lo demás del capítulo
son fantasías "rosa" recordadas a fuerza de novelas
con títulos como El corazón no cambia y películas
como las de Norma Shearer y Leslie Howard. Al principio de la novela
la preocupación de la protagonista por todos los textos sentimentales
es fuerte y la influencia de lo fantástico es menor.
"¿A usted no le gusta la literatura de misterio?"
(31) es la primera pregunta sobre la literatura del "hombre de
negro" al principio del capítulo segundo. Las primeras pruebas
de que esta novela puede ser una novela fantástica es cuando
la protagonista ve un manuscrito al lado de su máquina de escribir
con las palabras "al hombre descalzo ya no se le ve," (3l)
-- palabras que ella había pensado antes. Ella quiere resolver
el misterio pero la voz del "hombre de negro" le impide. En
la literatura fantástica hay que mantener la incertidumbre pero
en los textos sentimentales tiene que mantener la verosimilitud. Cuando
la conversación vaga hacia el tema de la novela rosa, el "hombre
de negro" siempre le dice algo como, "Pues podemos seguir
hablando de literatura de misterio" (39).
En el capítulo tercero, la protagonista va a la cocina para
preparar refrescos. Ella cree que la conversación con este hombre
la ha estimulado y ha refrescado su viejo tema de los usos amorosos
de postguerra. Se da lujo de reflexionar sobre los temas de "modistas,
peluquerías, canciones, bailes, novelas, costumbres, modismos
de lenguaje, bares, [y] cine" de esa época sin ninguna interrupción.
(73).
Al llegar al diálogo de la primera parte del capítulo
cuarto, el péndulo balancea bruscamente al otro lado. Al regresar
a la sala, la protagonista quiere decir al "hombre de negro"
todo lo que ha recordado en la cocina. A primera vista del "hombre
de negro" con el grabado de Lutero en las manos, sin embargo, le
da a ella un susto. El le pregunta:
--¿Cree usted en el diablo?--le oigo preguntar a mis espaldas.
[La bandeja con los vasos, el termo, y el
azucarero caí de las manos de la
protagonista.]
Le falló el pulso--dice--. Permítame.
Se me sube la sangre la cabeza cuando veo
la cartulina que trae en la mano: el grabado
de Lutero.
--¿Por qué ha entrado en mi dormitorio?--le
pregunto desabridamente.
Se echa a reír y mi rabia crece.
--No le veo la gracia.
--Perdone, es que parece una frase de
folletín ....Yo no he entrado nunca en el
dormitorio de una mujer más que con su
consentimiento--dice...A no ser--añade
mirándolo--que considere usted el dormitorio
de Lutero como su propio dormitorio...
--Alguien ha tenido que sacarlo de mi cuarto!...
--Estaba aquí--asegura--, debajo de este
pisapapeles...
--Pues le aseguro que yo no lo he sacado--
digo, turbada.
--Tal vez no se acuerde. Tenía debajo este
verso escrito a mano. ¿Es un fórmula
mágica?
--A ver..., no sé (110-101).
Cuando ella ve el grabado en las manos del "hombre de negro,"
responde con una frase de la novela rosa. El se ríe, respondiéndole
con otra frase de folletin, y le ofrece una explicación fantástica.
La protagonista ya persiste, pero con menos fuerza, en su entendimiento
verosímil. El la lleva casi hasta el punto de creencia (Todorov
31); por eso, la novela ya se puede percibir como un ejemplo de la literatura
fantástica.
Las escenas más reveladoras ocurren desde el final del capítulo
cuarto hasta el final del capítulo quinto cuando la protagonista
habla con Carola. A1 final del capítulo cuarto, los ojos de la
protagonista y el "hombre de negro" se encuentran y la protagonista
piensa que si todo esto fuera una novela rosa, en este momento el hombre
desconocido tendría que revelar su identidad. En esto suena el
teléfono y ella piensa: "Me gustaría que dijera:
'No lo atiendas, quédate conmigo', el paso del usted al tú
era también un momento importantisimo, marcaba la transgresión
de un umbral inquietante" (141). Pero, el "hombre de negro"
rompe el encanto diciendo, "Tal vez sea para mí" (141)
y le pide que diga a quien llama que él ya se ha ido.
El capítulo quinto empieza cuando la protagonista descuelga
el teléfono en el dormitorio. El libro de Todorov está
sobre la almohada de la cama y, "sobre él, un papelito donde
tengo apuntado: 'Novela fantástica. Acordarme de grabado de Lutero
y el diablo. Ambientación similar'" (143).
Durante la llamada, Carmen y Carola comparten sus textos sentimentales
con el lector. Carmen lo logra, pensando en una novela rosa que escribía
con una amiga del colegio; Carola, al contrario, cuenta a Carmen su
historia del amante infiel. La novela de Carmen y la realidad novelística
de Carola coinciden en cuanto al nombre del héroe; los dos amantes
se llaman Alejandro. Cuando Carmen oye el nombre del amante de Carola
empieza a dar vueltas entre los dedos a la nota que estaba sobre el
libro. En ese momento piensa también en otra frase de Todorov:
"El tiempo y el espacio de la vida sobrenatural no son el tiempo
y el espacio de la vida cotidiana" (144).
Aunque la historia del Carola se parece cada vez más a un bolero
triste, la protagonista no puede resistir la tentación de seguir
con la conversación. En su "novela rosa", Alejandro
no revela a la protagonista su identidad hasta el capítulo quinto
(146). Seguir con la conversación es una manera de informarse
sobre la identidad del "hombre de negro" y devolver a armonizar
la novela con el mundo controlado por las leyes del mundo real.
Durante la conversación con Carola, la protagonista mira la
nota con la cita de Todorov y durante el clímax de la historia
de Carola, Carmen cierra "los ojos, [y] clav[a] las uñas
en el libro de Todorov" (166). Ella sobrevive a pesar de la tentación
de regresar a "los esquemas literarios de la primera juventud"
y al final del capitulo quinto, lo fantástico triunfa. Carmen
y Carola cuelgan el teléfono antes de determinar si el "hombre
de negro" y el amante de Carola son el mismo hombre y la novela
sigue con la ambigüedad y la irrealidad que normalmente pertenecen
a la literatura fantástica. Además, el lector no logra
averiguar nada más sobre Carola, mientras que Carmen regresa
al discurso con el "hombre de negro." Después de esto
las referencias a los textos sentimentales llegan a ser integrados dentro
de la estructura fantástica. Se disminuye la amenaza de que el
libro permanezca en el campo de la novela rosa.(14)

Aunque los límites estructurales de la literatura fantástica
triunfa sobre los de la novela rosa, la autora imita la textura de la
novela rosa al hacer que el lector sienta cierta ilusión amorosa.
Pare la protagonista ésta es su parte predilecta: "A mí
me gustaba todo el proceso del enamoramiento, los obstáculos,
las lágrimas y los malentendidos, [y] los besos a la luz de la
luna" (92). En El cuarto de atrás, entre la protagonista
y el "hombre de negro" hay tensión sexual: ¿Van
a enamorarse? En la novela rosa, la cuestión de si los héroes
se unirán queda pendiente normalmente hasta las últimas
páginas; la ilusión termina bruscamente, sin embargo,
con el clímax (el fracaso o, más corriente, la unión
de la pareja).
No obstante, para muchas lectores, la ilusión puede ser problemática
ya que estas novelas funcionan como una afirmación ritual de
las creencias básicas de la sociedad (el sistema de familia patriarcal)
(Radway 198).(15) Así
que para aliviar la duda, hay signos en los textos que indican el desenlace.
Según Radway, una novela rosa de éxito es una en la que
el texto da a la lectora más información que da a la misma
protagonista, es decir la lectora resulta más inteligente que
la protagonists. De esta manera la lectora puede adivinar el fin antes
de terminar el libro. Además, hay muchas lectoras que leen las
últimas páginas primero para asegurarse que todo va a
terminar bien (200).
Para la autora, sin embargo, el sentido de ilusión es lo que
ella quiere aumentar y recrear; lo consigue a fuerza de la técnica
y la estructura. Por ejemplo, El cuarto de atrás está
escrito en la primera persona presente como si el lector y la protagonista
experimentaran simultáneamente la acción de la novela.
Tampoco hay indicios en el texto sobre el desenlace. Estas técnicas
animan al lector a identificarse con la protagonista y a enredarse emocionalmente
en la historia, en la misma manera que los lectores de la novela rosa.
Los elementos fantásticos también aumentan la ilusión.
En la literatura fantástica la ilusión no se resuelve;
el lector tiene que interpretar el fin. Martín Gaite utiliza
e integra lo que más le gusta de la novela rosa (el sentido de
ilusión) y deja aparte todo lo demás. Según Ordóñez:
...[U]nlike the mature Cervantes' mocking irony or Goytisolo's mordant
wit, Martín Gaite's attitude toward the codes of la novels rosa
is more lovingly selective. Rather than turning to an irony which often
seeks to destroy in order to create somthing new (Goytisolo), she turns
to constructive synthesis in order to transcend the limitations of convention
("Reading" 176).

Ya hemos visto que a la protagonista no le gusta el hecho de que los
héroes tengan que casarse al final de la obra pero hay otras
características de la novela rosa que subvierten el proyecto
novelístico de la autora. Por ejemplo, la protagonista recuerda
que no sabía jugar a los hombres con los ojos o con la risa;
las otras mujeres sí lo sabían aunque no tuvieron nada
que decir. Tampoco era guapa la protagonista. Ella explica al "hombre
de negro" que: "[a]prendí a convertir aquella derrota
en literatura, otra vez será, a intensificar mis sueños,
preparando aquella frase que le diría a alguien alguna vez, escribía
un poema, nunca tenía prisa" (182). Para la protagonista,
las características de sus compañeras son las mismas que
las de las heroínas en los textos sentimentales.
Según Amorós, la característica más importante
de la heroína de la novela rosa es su belleza excepcional. Además,
la heroína debe ser ingenua a inocente pero a la vez, "sin
proponérselo, sin darse casi cuenta, es terriblemente seductora,
posee la capacidad innata de suscitar pasiones volcánicas entre
los hombres" (21).(16)
En El cuarto de atrás, sin embargo, la protagonista no
es guapa ni seductora sino bien inteligente y muy erudita en literatura,
y eso es lo que le interesa al "hombre de negro." Por ejemplo,
después de explicarle sus ideas sobre la escasez de no sólo
artículos de lujo sino también de comidas básicas,
y, más metafóricamente, de ideas y voluntad durante la
época franquista, el "hombre de negro" la mira intrigado
por la primera vez. "Noto,...que he conseguido encenderle la curiosidad"
(179). En el texto la apariencia y la edad de la protagonista tienen
poca importancia (en las novelas rosas la heroina debe tener veinte
años [Amorós 17]) pero la conversación se enfoca
en el desarrollo literario de la protagonista.
La protagonista tampoco se casa ni alcanza una relación sexual
con el "hombre de negro"; la función de él es
estimular ideas, escuchar la conversación, ayudar a la protagonista
a seguir escribiendo una novela fantástica. El provee a la protagonista
de "fatherly protection, motherly care" y en vez de "passionate
adult love," una noche excitante (Radway 149). En esta novela,
la autora no desafía la suposición de que el hombre pueda
satisfacer todas estas necesidades emocionales de la mujer y en esta
manera la novela sigue apoyando una engañosa esperanza. Sin embargo,
la autonomía de la protagonista nunca se desafia sino se aumenta
porque tiene la oportunidad de hablar sobre sí misma y de dar
luz a un libro sobre su vida. La búsqueda por el amor maternal
se resuelve el momento en el que ella está acostada en el sofá
y el "hombre de negro" lee atentamente su manuscrito. En este
momento, la protagonista siente "una gran placidez" (200).
Después de levantarse, sin embargo, no lamenta la desaparición
del "hombre de negro" ni piensa buscarle. Su nueva relación
con sí misma en forma de un libro autobiográfico es más
importante y satisfactoria que la habilidad de encontrar al héroe.
Los diversos elementos del texto fantástico y de la novela rosa
que se encuentran en El cuarto de atrás tienen también
implicaciones ideológicas. En un sentido metafórico, los
textos sentimentales representan el ambiente sociopolítico de
la época franquista y el texto fantástico representa las
esperanzas del futuro que vendrá después de la muerte
de Franco y la incertidumbre de los límites de lo posible. La
novela rosa al igual que la propaganda franquista, era predecible y
seguía "la ley y el orden." No se habría podido
diferenciar entre la novela rosa y la propaganda de la Sección
Femenina, las madrinas franquistas. La literatura fantástica,
al otro lado, es definida por la incertidumbre en la misma manera que
en los años después de la muerte de Franco, nadie podía
adivinar el futuro. En esa época surge otra vez un movimiento
por la liberación de la mujer. Con la interacción entre
estos textos en E1 cuarto de atrás, Martín Gaite
demuestra los pasos falsos, la desgana, y por último, su abrazo
jubiloso del período postfranquista en el cual las reprimidas
y latentes añoranzas de autonomía, igualdad de los sexos,
y libertad política pueden cambiar la vida en todos sus aspectos.

A primera vista, no hay referencias obvias a los textos sentimentales
en El amor es un Juego solitario, la segunda parte de una trilogía
de novelas de Esther Tusquets. Sin embargo, la narrativa es una subversión
implícita de estos textos. La protagonista, una mujer desilusionada
con el mito de los textos sentimentales, subvierte su mito en muchas
maneras. Primero, su "héroe" nunca aprende a satisfacerla
emocionalmente. Su historia afirma también, lo que propone Radway,
que la atracción a los textos sentimentales es el deseo de duplicar
la intimidad primaria con la madre. Además, la protagonista,
al igual a la de Martín Gaite, quiere mantener la ilusión
pero en su caso es una ilusión sexual. La protagonista es, sin
embargo, últimamente vencida por la influencia de su previa lectura.
Bajo la sombra de los textos sentimentales, llega a escribir una historia
(¿sin conocimiento de la protagonista?) que documenta su fracaso
emocional y artístico.
La novela empieza con un trozo de una de las novelas de aventuras que
Elia, la protagonista principal, leyó de niña:
Una oscura llamada. En primavera un extraño perfume invade
la selva, y los simios superiores rondan inquietos las guaridas de sus
parejas. Debe de haber sabor a polvo--un polvo fino, ligeramente amargo,
que reseca los labios y se adhiere tenaz al paladar--y una curiosa laxitud
o languidez que impone a los movimientos un ritmo insólito, un
tiempo especial, como a cámara lenta (los simios ventean el aire
con las narices dilatadas y vagan entre los árboles con la pesada
torpeza de una pantomima), y hay también este olor inconfundible,
olor a flores carnosas y maléficas...(7)
Este trozo contiene ciertos rasgos eróticos que aún Elia
misma piensa "quizá sólo los niños españoles
de la burguesía de los primeros cincuenta pudieron leerlas como
procaces y lujuriosas" (12) pero esto llega a ser la inspiración
de su aventura sexual que la novela cuenta. Elia es una mujer rica que
"se aburre a trechos con fruición, con entusiasmo y con
deleite, acaso también con desesperación"(18). Así
cuando su amiga, Clara, le dice que Ricardo, un amigo de la universidad,
quiere que Elia sea la mujer que le inicie en la actividad sexual, Elia
ve la idea como una manera de vivir la fantasía inspirada por
ese fragmento del libro de aventuras. Con el tiempo, Elia y Ricardo
llegan a ser amantes, y, además, Ricardo le convence a Elia que
tenga una relación sexual con Clara. Al final de la obra, Elia
consigue por medio de halagos que Clara participe en un menage á
trois con ella y Ricardo.
Según Catherine G. Bellver, cuando la protagonista, Elia, era
joven, "fell under the spell created by fable and fairy tales which
projects an image of men as prince charmings who choose, woo, and carry
off their loving and passive maidens to their castles where they both
live happily ever after" (13). La protagonista no identifica especificamente
cuáles de las varias formas de los textos sentimentales llegaron
a ser su "guión" pero piensa que "le dijeron que
lo suyo era el matrimonio y la cultura general, o a que en cualquier
caso no tuvo luego el coraje, el ánimo o las ganas para salirse
de esto (que otras, pocas, sí lo tuvieron)" (64). Durante
su edad madura, es aislada de su marido e hijos, y permanece completamente
sola. Había tratado de vivir entre los límites de los
textos sentimentales pero a ella no le sirven. En su lugar aparece un
recuerdo juvenil de un texto erótico que reemplaza la ilusión
amoroso con la ilusión sexual pero con el mismo mito de la espera
pasiva de la mujer. Ella ha dejado la lucha contra el poder de los textos
sentimentales y se ha apropiado del hermano gemelo, lo erótico.

El hecho de que hay escenas de erótica explícita en la
obra no sólo tiene ramificaciones textuales sino también
sociopolíticas. En cuanto al texto, siempre existe una fina división
entre el texto sentimental y el texto erótico. ¿Dónde
termina la ilusión amorosa y empieza la ilusión libidinosa?
Por ejemplo, hoy en día, la novela rosa habla de parejas que
pasan el día "desnudos...viviendo de [sus] cuerpos",(Tellado
17) o, que "se besaron en la boca largamente" pero en la próxima
linea los héroes ya han acabado el acto sexual ("más
tarde, pasado el momento, se iban al salón y comían"
[28]). Dependiendo del subgénero o del medio, los textos sentimentales
de hoy en día han oscurecido la distinción entre lo sentimental
y lo erótico. Tusquets en su obra elimina la ambigüedad
entre la ilusión amorosa y la ilusión sexual.
El amor es un jueqo solitario es la primera novela publicada
en España con descripciones explícitas del acto sexual
según la cubierta de la versión inglesa. Durante la época
de Franco, la pornografía estaba censurada. Por eso, el trozo
del libro de aventuras puede parecer lascivo a la niña Elia y
a sus compañeros. Elia misma piensa que este trozo es un "malicioso
capricho" o "juego privado" del autor "para escapar
del aburrimiento de escribir" (8). Hablar sobre el acto sexual
entre los simios era la única manera de aludir al sexo en la
época franquista.(17)
El amor es un juego solitario atrevidamente hace gala de su nuevo
poder de presentar el acto tal como es, pero, a la misma vez, la sombra
del recuerdo de este fragmento sobre los simios en la jungla ya niega
la posibilidad de que la protagonista puede escapar sin repercusiones
de la influencia represiva de los textos que representan los valores
del sistema patriarcal.

La interpretación de Elia del fragmento sobre los simios en
celo asevera que la hembra rezuma "un aroma único, inconfundible,
y desde el otro extremo de la selva aprehende el macho este aroma...y
macho y hembra se buscan a partir de ahí, desde kilómetros
de distancia sin vacilaciones y sin impaciencias..." (11). Ricardo
es el simio de otro lado de la selva que huele el olor inconfundible
de Elia.
Se encuentran en un cafetín por muchas semanas y hablan sin
presión alguna de la literatura y del arte para luego empezar
sus relaciónes sexuales. Además, la primera vez que están
juntos y solos en el apartamento de Elia, ella aplaza su unión
por tres días más, inicialmente para tranquilizar a Ricardo;
sin embargo, el aplazamiento llega a ser una manera de prolongar la
ilusión para Elia. Durante estos días, Elia le espera
sin impaciencia, recostada en su cama e, imaginándolo recostado
en su cama y pensando en el momento de su unión carnal. Sólo
esta estimulación de la imaginación y de los sentidos--"muy
remotamente relacionable con el sexo" (64)--puede disfrazar su
asquerosa existencia.
Al igual que la protagonista de Martín Gaite, la de Tusquets
goza más de la ilusión que de la unibn. La diferencia
entre las dos es que a la de Martín Gaite le gusta la anticipación
del amor y a la de Tusquets le gusta la anticipación del sexo.
Tusquets también presenta el deseo de mantener la ilusión
lo que es una toxicomanía para la protagonista. Elia piensa que
es "como una droga única y total, que le resulta sin embargo
de día en día más difícil de conseguir y
de la que necesita aplicarse paulatina, fatalmente una dosis siempre
mayor para lograr tan só lo efectos semejantes" (65).

Como asegura Radway, la atracción hacia los textos sentimentales
está basada en el hecho de que el sistema patriarcal no provee
a la mujer de estructuras sociales en las que pueda duplicar su primera
experiencia íntima con la madre. En El amor es un juego solitario
lo que provoca el malestar de los protagonistas es la falta de amor
maternal, y la razón por la cual ellos se buscan es para aliviar
esta deficiencia.
Lo que propone Tusquets es que ni las protagonistas ni aún el
protagonista han experimentado nunca el amor maternal, y su búsqueda
consiste en una tentativa de obtenerlo por primera vez. Elia, por ejemplo,
sentía que la vida bohemia de sus padres causó que fuera
descuida por ellos porque durante esa época, estaba en contra
la ley de la patria que se enfocaba en la santidad de "la familia
española." El hecho de que sus padres nunca iban a la iglesia
los domingos, que se bañaban desnudos en el mar, hablaban de
divorcio, y que dejaban a Elia caminar en el bosque con los muchachos
sin acompañante, la dejaba aislada de sus compañeros.
En algún momento habría creído que su marido proveería
la intensidad del amor que le faltó porque todos los textos sentimentales
de su época adolescente lo aseguraban, pero ahora cree que "no
hay amor en el mundo para nadie" (29). Ella ha admitido que el
mito la engaña y la alivia el dolor de comprenderlo con "la
droga" de la ilusión sexual.
La madre de Ricardo, una viuda tradicional, ha mantenido siempre distancia
entre ella y su hijo. Sus besos asépticos y formales incitan
rencor en Ricardo. El ha leído los mismos libros que Elia (pero
a base de la literatura "legítima," lo cual muchas
veces refleja el mismo mito del amor) y él cree que su madre
(o las mujeres en general) debe amarlo. Su misión es escribir
una nueva historia en la cual él es amado como es su derecho;
quiere que las mujeres se conformen con su deseo. El no está
reescribiendo el mito sino que está tratando de vivirlo. No tiene
ningún motivo de resistirlo y puede conseguir por lo menos, la
participación de Elia porque el nuevo texto de ella es bastante
similar al suyo.
Clara tampoco tuvo suficiente amor maternal; su madre se obsesionaba
con ir de compras en vez de cuidar a su hija. Ni cree Clara en los textos
sentimentales en los cuales la mujer espera un hombre que vaya a amarla.
Todavía busca el amor y el sexo en la misma persona pero, esta
persona no es un hombre, sino una mujer. Ha creado su propio mito en
el cual una mujer, la "Little Queen of the Cats" salvará
todos los gatos perdidos, abandonados, y salvajes y los deja dormir
a su lado. Por supuesto, Elia es la reina y la persona con quien Clara,
la gata perdida, busca el amor. Tal vez, Clara represente la nueva joven
española que se ha creado sin la fuerte propaganda patriarcal
de la postguerra. No hay indicaciones en el texto de que su mito sea
una subversión del texto sentimental sino que es algo creado,
tal vez, en su ausencia.
Al principio de la novela, Elia está ya desilusionada de los
textos sentimentales. Clara, su amiga mucho más joven, cuida
a Elia durante sus peores momentos--cuando se parece a una niña
que está tratando de "escapar acaso del pantano...del pasado
y las quimeras" (51). Además, Clara la anima a emprender
una carrera de escritora, de pintora o de ceramista. En los momentos
que Elia puede salir de su desgana, disfrutan juntas de una cena en
Sitges o salen con amantes o amigos de Elia. Clara se enamora de Elia
y la trata con ternura pero Elia no está enamorada de Clara.
Clara inicialmente le da el mensaje de Ricardo para divertirla pero
Elia toma en serio la propuesta de Ricardo. Clara desconoce "la
ambigua fascinación que puede ejercer en algunas mujeres una
aventura turba, a caballo entre to sórdido y to fantástico,
entre to más mezquino y mísero y el más suntuoso
ejercicio literario" (32).
Para Ricardo, no obstante, Elia no parece una mujer de este mundo sino
una ninfa (de acuerdo con la idea corriente de la mujer en la literatura
moderna). Ellos intercambian ideas sobre el arte y la literatura y se
hacen confidencias aunque las de Elia le parecen a Ricardo "ligeramente
banales." Al principio, ella ha pensado que "quizás
él, válido interlocutor" pueda tenderle una mano,
y sacarla de su dolor (34). Y, por más que Ricardo crea haberla
escuchado con auténtico amor, el dolor de Elia le espanta. Elia
reconoce que la imagen que Ricardo tiene de ella no puede soportar su
sentido de perdición así que "luego Elia se ríe,
y le oprime la mano con ternura y rompe a hablar sobre Rimbaud..."
(35).

En la escena final se unen los tres por primera vez. Clara trata de
participar en la orgía planeada para contentar a Elia pero no
puede, y Elia la protege de Ricardo. Ricardo se enoja por el rechazo
de las mujeres y su ira provoca un fuerte sentido de lujuria en Elia.
Mientras que Ricardo le hace el amor a Elia como el "macho enfurecido
en la selva encelada," (141) Clara sale de la casa. Este triángulo
no es satisfactorio pero es el mejor que estos niños perdidos
pueden conseguir y, alivia de alguna forma su malestar. Elia piensa
después que todo será lo mismo porque "los juegos
como éste sólo terminan cuando los participantes dejan
de encontrar en ellos cualquier tipo de compensación o gusto,
cuando no queda ya una sola ficha sobre el tablero..." (148).
Elia entiende que Ricardo y Clara, los dos jóvenes, van a seguir
con su vida y a encontrar otras maneras de aliviar su dolor y falta
de amor. Ella también, buscará la ilusión de sexo
en otras personas y otras aventuras hasta que "algún día...deje
de producirse definitivamente el milagro y...la sucia historia solitaria,
termine felizmente para siempre" (150). Aunque este último
renglón de su novela refleja la esperanza al final de la mayoría
de los textos sentimentales, su esperanza por un último alivio,
la muerte, refleja su desilusión con el amor que prometen estos
textos.
Esta desilusión afecta la voz narrativa de la novela. Desde
al principio hasta casi al final parece que la novela está escrita
en la tercera persona omnisciente. Sabemos lo que piensa Elia, Ricardo
y Clara pero después de su menage á trois, la voz de Elia
aparece. Según Gold: "after the erotic/textual climax, it
finally becomes apparent that the narrator... is Elia, [and] we believed
it because Elia told us so, whether through her own thoughts or through
thoughts she constructed for Clara with the authority of a deceptively
omniscient narrator" (345).
El lector nunca es testigo del momento en que la protagonista podría
tomar la pluma y escribir la novela que ha acabado de leer porque sabemos
que la transformación de Elia es efímera. En los momentos
después del acto que ha satisfecho su obsesión, la voz
narrativa de Elia puede emergir de una manera muy engañosa y,
todavía en la tercera persona. Aunque su voz es débil
Y casi irreconocible Elia llega a escribir está novela a pesar
de la influencia de los textos sentimentales que niegan lo artístico
en la mujer. Su nuevo mito mantiene todavía la imagen de la mujer
pasiva aunque esto subvierte el mito de los textos sentimentales de
otras maneras, especialmente cuando se trata del deseo de la mujer por
el acto sexual y de la engañosa esperanza del hombre tierno.
Sin embargo, nos deja con la esperanza de que Clara tiene más
posibilidades de conseguir el amor, una vida autónoma y, su voz
artística.
Además, hay contraste claro entre Ricardo y Elia. El, aunque
es joven, se considera un "poeta" en la novela pero ella piensa
que sus "inicios de novelas, bocetos de narraciones, [y] fragmentos
de poemas" son solamente unos "recuerdos de su incapacidad"
(63). El conoce los mitos, las reglas y las formas de la literatura
y, de alguna manera, esto basta para que su poesía sea exitosa
(según Elia) aunque no se permita a sí mismo tener ni
una emoción espontánea. Su papel era crear una historia
en la que él pudiera demostrar a sí mismo "la fuerza
de su inteligencia y de su voluntad--acaso su genialidad creadora-[y]...lanzarse
a la conquista de otras hembras y acaso del universo.."(148). Por
su parte, la experiencia es victoriosa. Para Elia, por otro lado, el
libro que llega a escribir narra su falta de habilidad de salirse de
su pasada lectura: la lectura que refuerza el mito de los textos sentimentales.
Para el joven escritor este mito facilita su ascenso literario pero
para la escritora significa su límite.
Podemos ver en El amor es un juego solitario que el mito de
los textos sentimentales afecta no sólo a la lectora sino también
a la escritora. Como en la novela de Martín Gaite, la protagonista
de Tusquets trata de "escapar los esquemas literarios de su primera
juventud." En El cuarto de atrás esta lucha es un
juego literario e intelectual entre los textos sentimentales y la literatura
fantástica. El amor es un juego solitario, sin embargo,
refleja las consecuencias emocionales y artísticas de un mito
que niega el talento y la autonomía de la artista. En vez de
reescribir el mito, Tusquets desafia los textos sentimentales demostrando
los efectos que pueden tener sobre sus lectoras.
"The one thing she can do and by God she does it and does it and
does it, over and over and over again. She is the protagonist in a Love
Story."
From "What Can a Heroine Do?" -Joanna Russ

Las mujeres en el estudio de Radway leen tres o cuarto novelas rosa
cada semana. Para ellas, es un placer. Esto no es un fenómeno
sólo encontrado en Estados Unidos; los textos sentimentales son
el género literario más popular de muchas culturas del
Oeste. Sin embargo, uno no puede hallar en las bibliotecas las obras
de Corín Tellado, la escritora de este género que ha sido
la más leida que ningún otro autor. Existe un fuerte prejuicio
contra los textos sentimentales. Primero, se trata de la vida femenina
(poco interesante para el sistema patriarcal) y segundo, muchas veces
estos textos son escritos por mujeres (como si solamente los hombres
supieran escribir). Por lo tanto, decir que algunas de las pocas escritoras
que han llegado ser reconocidas por los defensores de arte "legítimo"
utilizan el mito o las técnicas de los textos sentimentales,
puede sugerir que ellas han fracasado en su arte.
Esto no es nada verdad. Tenemos que investigar más profundamente
la relación entre los textos sentimentales y las obras de las
escritoras por dos razones importantes. Primero, la escritora es una
mujer que participa en la sociedad y por lo consiguiente es afectada
por la mitología, las fantasías, y los sueños producidos
por esta cultura. Estos textos limitan su papel a un rol en el cual
ella está contenta de ser esposa y madre. La frecuencia de estas
fantasias ayuda en la reproducción del sistema patriarcal en
que vivimos, pero al mismo tiempo desanima a la mujer creadora. Para
cada mujer, el mero acto de tomar una pluma (¿presionar las teclas
de su ordenador?) para crear algo nuevo es un implícito acto
de reescribir los textos sentimentales. Cuando reescribe su futuro,
ella está rechazando la hegemonía del mito de estos textos.
Segundo, la escritora--igual que el escritor--toma las ideas necesarias
de la cultura general para crear una obra de ficción y, para
ella hay pocos mitos disponibles que reconocen la vida femenina. Por
ejemplo, no vemos el proceso de llegar a ser mujer como una crisis tan
importante como el de llegar a ser hombre. ¿Es por qué
en el desarrollo de la mujer, esta transición no ocasiona una
crisis como en la vida masculina, o es porque no hay un mito que sugiere
que este momento puede ser una crisis?
Para dirigirse hacia una crítica más justa, los críticos
tienen que reconocer el texto sentimental como un mito legítimo
de la misma manera que el del "'Gangster as Tragic Hero' or the
inflated claims made for...the detective novel which fills the pages
of the Journal of Popular Culture" (Modleski 11). Necesitamos
más estudios como el de Radway en el cual se investiga la relación
entre la lectora y los textos sentimentales y se desarrolla una manera
de documentar el cambio de las fantasías y los sueños
representados en estos textos.
Además, tenemos que analizar la fuerte atracción al tema
de la ilusión de las escritoras como si la fantasía siempre
fuera mejor que la realidad. ¿Es esto simplemente un elemento
predilecto de nuestras autoras o puede ser una verdad (o, mejor dicho,
un mito) de la vida femenina? ¿Qué relación hay
entre esta desgana con la realidad y la imaginación femenina?
Para nuestras protagonistas, la desgana produce el motivo de escribir.
Representa, sin embargo, cierto tipo de inercia y una falta de inclinación
de la protagonista para llegar a ser el agente activo en su vida. En
la ficción (¿y, también en el mundo verdadero?),
si la mujer es poderosa o exitosa; es también malvada (por ejemplo,
Doña Barbara, Doña Perfecta, o Imelda Marcos).
En cuanto la mujer llegue a intergrarse más en la vida pública,
se necesitará desarrollar nuevos mitos para la vida femenina.
Esto es especificamente la tarea de la escritora. Cuando estos nuevos
mitos lleguen a ser integrados en las obras de las escritoras, sabremos
que un cambio transcendente ha ocurrido para la vida de la mujer de
este mundo. Podemos ver los principios de este cambio en las obras de
Martín Gaite y Tusquets en que sus protagonistas llegan a ser
escritoras que producen obras desafiantes del mito de los textos sentimentales
en los cuales las protagonistas llegan a ser escritoras a pesar de la
influencia de estos textos.

(1) La frase exacta de Barros-Lémez
es "romantic literature," no obstante, es difícil traducir
esta frase porque las palabras cognadas cambian el sentido. La traducción
es mía. Además, "los lectores" consisten en
personas que consuman los varios tipos de textos sentimentales.
(2) Según Janet N.
Gold, "It is obvious that this list is potentially endless and
infinitely variable dependent as it is on the range and kind of experience
of the reader" (339).
(3) Cada crítico
tiene su propia descripción de la "fórmula"
del texto sentimental porque, en general, limita sus estudios a un sub-género
u otro. Hay diferencias entre los sub-géneros, por lo tanto,
sus análisis no funcionan aquí. Esta descripción
está basada en los elementos que nos interesan en este estudio
y reflejan la ideología patriarcal del régimen de Franco.
(4) Amorós, en su
libro, es muy despreciativo de lo que él define como lo femenino
y si examinamos sus prejuicios podemos entender las raíces de
la desgana de los críticos por analizar el papel de los textos
sentimentales en las obras de las más importantes escritoras
contemporáneas. Por ejemplo, dice que la novela rosa está
"en las antípodas del teatro de Brecht" (72) porque
se trata de "un mundo escencialmente femenino, ampliamente irracional,
basado en la exaltación sin límites del sentimiento...
" (73). Además, en su discusión sobre la belleza
de la heroína, é1 nota que "ya no se trata de la
ponderación en abstracto de la belleza femenina (un rasgo del
modernismo-literatura legítima) sino de una belleza que engendra
poder sobre los hombres, que encadena. ¿No es éste un
eterno deseo femenino siempre que se conciba el amor como una secreta
guerra de los sexos?" (22). Su crítica define el sentimentalismo
como algo femenino y si se pudiera aceptar la lógica de Amorós,
los textos sentimentales serían una vergüenza femenina a
la cual el crítico no querría acercarse.
(5) Los temas incluyen:
"la promotion de la femme par la culture. Le marriage bourgeois.
L' hypocrisie de la société. L'amour fondé sur
l'estime réciproque. Les faux militants qui se servent de leur
popularité pour satisfaire leurs ambitions. La justice 1égale"
(Magnien 250).
(6) Es la organización
para mujeres del partido político de Franco que tenía
la responsabilidad de enseñar a las mujeres durante su servicio
social. La ley obligó a las mujeres solteras o viudas sin hijos
desde los 17 a los 35 años de participar en este programa de
enseñanzas cuyo propósito fue formar la esposa ideal.
Este servicio social fue un requisito para obtener trabajo, un título,
un pasaporte, un carnet de conducir, hacer el negocio con el Estado,
o pertenecerse a los centros o asociaciones artísticas o recreativas.
Esta organización tenía mucha influencia, sin embargo,
más por su función administrativa que por la popularidad
de su política (Martín Gaite, "Los usos" 59-60).
(7) No tenemos bastante
espacio aquí para desarrollar las teorías de Chodorow.
Su libro, The Reproduction of Mothering: Psychoanalysis and the Sociology
of Gender, Berkeley: University of California, 1978, sin embargo,
es una obra importante sobre el desarrollo emocional de la mujer.
(8) Se le socializa a la
mujer en una manera que sabe cuidar a otras personas. Por eso, la estructura
de la familia patriarcal asegura que las necesidades emocionales del
hombre puede ser satisfechas por su esposa. Por otro lado, el hombre
que no ha sido socializado en cuanto al cuido de otras personas, normalmente
no puede satisfacer las necesidades emocionales de la mujer (Radway
137).
(9) El héroe normalmente
no empieza así. La tarea de la heroína es domesticarlo
y si ella fracasa en su deber--si el héroe no aprende a demostrar
la ternura--la responsabilidad es suya (Radway 148).
(10) Aquí tenemos
otro aspecto que no explican adecuadamente las teorías de Kellman.
Dice que los protagonistas tienen que matar su pasado y recrear su vida
como Horatio Alger de Charles Foster Kane o Jay Gatsby de F. Scott Fitzgerald;
son historias de "self-made men" (8). Sin embargo, la lucha
de las protagonistas de Martín Gaite y Tusquets existe para entender
las consecuencias de su pasado dentro del texto.
(11) Para una discusión
más profunda sobre la manera en que la literatura está
basada en los mitos estandartes y masculinos y el impacto sobre la escritora,
puede leer: Nina Baym, " Melodramas of Beset Manhood: How Theories
of American Fiction Exclude Women Authors " The New Feminist
Criticism: Essays on Women, Literature, Theory Elaine Showalter,
ed., New York: Pantheon Books, 1985.
(12) Vea también,
una discusión similar por Manuel Duran, El cuarto de atrás:
imaginación fantasia, misterio; Todorov y algo más,
y por Kathleen M. Glenn, El cuarto de atrás: Literature as
Juego and the Self-Reflective Text encontrado en From Fiction
to Metafiction Essays in Honor of Carmen Martín Gaite, Mirella
Servodidio and Marcia L. Welles, ed., (Lincoln, Nebraska: University
of Nebraska, 1983).
(13) En 1987, Martín
Gaite actualmente publicó un lilbro de ensayos que se llama Usos
amorosos de la postguerra española en el cual habla más
profundamente sobres este tema.
(14) En el discurso con
el "hombre de negro," él le dice que otra obra de la
autora, E1 balneario (1954) hubiera podido ser una buena novela
fantástica pero al final se resuelve la incertidumbre cuando
la protagonista se despierta de su sueño.
(15) Radway propone que
los textos sentimentales son iguales que los cuentos populares (como
la Canción de Roland) en que los lectores o los oyentes
saben el desenlace antes y que su función es reforzar los valores
de la sociedad. El mito funciona también así. Por ejemplo,
en la antigüedad, el público sabía lo que iba a pasar
al ver un drama de Esquilo antes de que la tragedia comenzara.
(16) Su estudio se trata
de diez novelas de Corin Tellado, publicadas en los años sesenta.
Las características de estas novelas no son necesariamente las
mismas que las de los libros en los cuales habla la protagonista, pero
en estos instantes, la descripción de Amorós coincide
con la de Martín Gaite.
(17)Como hemos dicho,
los censores no tenía criterios escritos pero sus decisiones
tendían a cambiar las frases eróticas por frases amorosas
(Abellán 17).

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España 1939-1976. Barcelona: Ediciones Peninsula, 1980.
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L. Welles, ed. From Fiction to Metafiction: Essays in Honor of Carmen
Martín Gaite. Lincoln: University of Nebraska, 1983. 13-20.
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de Paris VIII Vincennes: Presses Universitaires de Grenoble, 1977. 247-93.
Martín Gaite, Carmen. "La búsqueda de interlocutor."
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