EL ESPIRITU FEMINISTA EN LAS OBRAS DE DRAMATURGAS
LATINOAMERICANAS
Submitted to the Undergraduate Honors Baruch College of the City University
of New York in partial fulfillment of the requirements for the degree
of Bachelor of Arts in Spanish with Honors.
by
Luz A. Sonnino©
1990
The Feminist Spirit in the Works of Latin American Women Playwrights
The number of women authors among Latin American playwrights is relatively
small even though the history of theatre in Latin America goes back
to pre-conquest times. In studying their works, it becomes apparent
that they have in common what will be referred to as a "feminist
spirit:" woman's search for autonomy in a context of social and
sexual injustice. To define a feminist drama, the model of reference
is based on Janet Brown's Feminist Drama,
in which she applies feminist literary criticism to plays written by
women. The notion of "autonomy," as used in this work, is
derived from the writings of feminists such as Simone de Beauvoir (author
of The other sex).
The first woman playwright known in Latin America is Sor Juana Inés
de la Cruz (México, 1651-1695.) Her works satirize the customs
of the time that assigned "ornamental" roles to women. Through
Sor Juana's plays we learn of the importance given to appearance but
more importantly, we learn of her position against the frivolities of
the period. She has been called the "first feminist in America."
Gertrudis Gómez de Avellaneda (Cuba, 1814-1873) is a product
of the Romantic period and of her own impetuous character. She is the
first woman to triumph in the literary circles in Madrid and yet, she
had to endure rejection by the Royal Academy when she requested to be
accepted as member. In her plays she exalts women who defy the traditional
structures of masculine power.
The playwrights covered during the 20th Century are Josefina Plá
(Paraguay), Luisa Josefina Hernández (México), Griselda
Gambaro (Argentina), Rosario Castellanos (México) and Myrna Casas
(Puerto Rico). Josefina Plá became known when one of her plays
was included in an Anthology of Latin American Theatre compiled by the
Mexican author and critic Carlos Solórzano. Plá had been
writing feminist drama during a time when the term was not even coined
in her country. Luisa Josefina Hernández's dramas portray female
characters unable to overcome their conflicted circumstances: a major
facet of women's reality in Latin America. Griselda Gambaro is the best
known Latin American playwright whose work reflects her own gradual
recognition of women's oppression. Rosario Castellanos is the author
of The Eternal Feminine, also translated
as Just Like a Woman. This play effectively
outlines the dynamics that have shaped women and men to live their assigned
roles. Castellanos' humor serves to soften a strong protest against
such conditioning. The works of Myrna Casas fit easily the criteria
of feminist drama. Although unconscious of it, the playwright herself
agrees that the feminist spirit is the underlining motive in her plays.
A similar and resounding message emanates from the work of each of
the playwrights presented in this study: the struggle of women seeking
their autonomy and their right to attain it.

Indice
Abstract
Introducción
A. Modelo de referencia:
Teoría feminista
B. Contexto histórico
general
C. El texto dramático
vs. la obra escenificada
I. La presencia de mujeres dramaturgas
antes del presente siglo
A. Sor Juana Inés de
la Cruz
Primera feminista
de America
El motivo feminista
B. Gertrudis Gómez de
Avellaneda
La rebeldía
como modelo creativo
II. Cruzando nuevas fronteras: Dramaturgas
durante el siglo XX
A. Josefina Plá: Talento
anónimo
B. Luisa Josefina Hernández:
La expresión de vidas en conflicto
Complejo de Electra
Posición
antifeminista
C. Griselda Gambaro: Modelo
de transformación ideológica
Abuso como protesta
Enfoque feminista
Transformación
en los personajes
D. Rosario Castellanos; Feminismo
latente
El eterno femenino
E. Myrna Casas: Esposa del
teatro
Feminismo implícito
y explícito
Conclusión
Notas
Obras citadas

EL ESPIRITU FEMINISTA EN LAS OBRAS DE DRAMATURGAS LATINOAMERICANAS
Artículos literarios provocadores escritos por mujeres en el
campo intelectual (1) además
de variados y relativamente recientes textos de crítica feminista,
nos llaman la atención hacia la obra dramática escrita
por mujeres. Si consideramos la realidad social reinante en Latinoamérica,
una realidad que "more precisely includes the concept of the traditionally
submissive and dependent female and the correspondingly dominant, aggressive
male -- the cult of virility and power and the sanctified states of
marriage and motherhood --" (Feiman 74), la pregunta básica
es, ¿son las obras escritas por las dramaturgas latinoamericanas
de dictado feminista?
Este estudio propone que, en efecto, gran parte de su producción
lo es. Para confirmarlo, hemos seleccionado un grupo de dramaturgas
(siete en total), comenzando con la primera autora conocida--Sor Juana
Inés de la Cruz, quien data del periodo colonial. Proseguimos
en forma cronológica, analizando la obra de las otras seis dramaturgas
a medida que aparecen en la historia.
Para analizar la obra escrita por las dramaturgas es necesario un modelo
de referencia. Hasta ahora se ha usado aquel enunciado por Aristóteles
en su Poética, el cual, si consideramos el material
con que contamos, resulta incompleto. Nos falta una teoría que,
sin contradecir los principios estructurales tradicionales, los complemente
al definir el teatro feminista. La teoría que más se acerca
a este fin es la de Kenneth Burke y empleada por Janet Brown en Feminist
Drama. En las palabras del primero:
Critical and imaginative works are answers to questions
posed by the situation in which they arose. They are not merely anwers
, they are strategic answers, stylized answers . . . these strategies
size up situations, name their structure and outstanding ingredients,
and name them in a way that contains an attitude towards them. (Burke
3)
Burke se refiere a lo que conocemos como "motivos" (2)
que conducen a la creación de arte, por cuanto a la base de su
teorí está la idea de que la vida y el arte son uno, integrados.
Es posible, según Burke, que el autor (o autora) no esté
totalmente consciente de sus "motivos" mientras escribe o
que incluso tales motivos no sean aparentes al finalizar la obra, pero
que siempre están presentes y, bajo un escrutinio cuidadoso,
aparecen palpables.
El teatro feminista ha de poseer por tanto motivos feministas. Esencial
a éste es la idea de "impulse feminista." Como Simone
de Beauvoir enuncia en su libro The Second Sex, "humanity is male
and man defines woman not in herself, but as relative to him; she is
not regarded as an autonomous human being" (xviii). La parte clave,
para nuestro análisis es la de autonomía: el deseo por
parte de las mujeres de ser reconocidas en el campo económico,
social y político como individuos en su propio derecho.
Las obras de teatro feministas tendrían por tanto, las siguientes
carácterísticas:
- La mujer como agente
- La autonomía como propósito
- Una escena de jerarquía social y/o sexual injusta
De aquí se deduce que no solo mujeres pueden escribir teatro
feminista aunque sean precisamente los grupos feministas los que más
producen estas obras. Ibsen, por ejemplo, se convirtió en un
favorito de los grupos de liberación femenina con su Casa de
muñecas. En Latinoamérica varias obras de autores masculinos
pueden reunir estas carácterísticas, entre ellos, Jose Cid Peres,
cubano, quien en Cadenas de Amor hace un apasionado alegato en favor
de los derechos de la mujer (Solórzano 84) Y Emilio Carballido,
mexicano, cuya obra Yo también hablo de la rosa es una crítica
de la posición social de la mujer en México. Lo que nos
ocupa sin embargo, es presentar las obras de mujeres dramaturgas de
reconocimiento y determinar si sus obras se pueden considerar feministas,
es decir, donde la lucha por la autonomía de la mujer es el propósito
principal.
El teatro del nuevo mundo remonta a los tiempos precolombinos. Este
tuvo un comienzo notable en países de alta cultura indígena
como México, Perú y gran parte de Centroamérica
(3), con grupos que representsban
rituales en forms pintoresca y festeja con toda la ceremoniosidad de
un espectáculo teatral moderno. Durante la conquista y colonización,
los misioneros perciben en el teatro un instrumento didáctico
que pronto adquiere carácter artístico. El catecismo cristiano
se traduce a lenguas indígenas y se represents en tablados (Saz,
I: 21). Son los misioneros los primeros autores y las obras de tipo
mítico-religioso las primeras representadas.
Dentro de esta historia es durante el Virreinato español en
México que se conocs a la primera mujer dramaturga de obra conocida.
Se trata de Sor Juana Inés de la Cruz. A ella le siguen, durante
el siglo XVIII, dos dramaturgas peruanas: la monja capuchina Josefa
de Hazaña y Lano (1696-1748) autora de cinco coloquios de los
cuales sólo se conoce El coloquio a la Navidad
del Señor y la monja clarisa Sor Juana Herrera y Mendoza
"que compuso loas, entremeses y pasos escénicos a principios
del siglo XVIII, pero que permanecen inéditos y desconocidos
(Saz, I: 90).
Hemos de esperar hasta el siglo XIX para hailar a Gertrudis Gómez
de Avellaneda (1814-1873.) quien nace en Cuba y muere en España
luego de una muy activa labor artística. En el mismo siglo se
ha mencionado a Carmen Hernández de Araujo (1832-1877), de nacionalidad
puertorriqueña, quien tuvo la fortuna de ver sus obras publicadas
aunque "unfortunately, she was not able to become the pattern for
imitation, a fact we can attribute to the inhibiting patriarchal and
cultural attitudes of Puerto Rico and the Western world in general"
(Cypess, "Women" 30).
La considerable pobreza e incluso ausencia de mujeres autoras (no sólo
dramaturgas) antes de este siglo, nos induce a indagar y a conjeturar
no una justificación sino mas bien una posible explicacion de
tal hecho. Ser escritor es, de por sí, tarea magnánime;
ser autor de teatro es "la heroicidad misma" (Magna 9). Volviendo
la vista hacia la falta de libertad que la mujer ha sufrido en Latinoamérica,
se deduce que tener talento literario y ser mujer constituyó
un doble obstáculo para el desempeño de la labor creadora.
Aún si hubo mujeres de talento, la falta de acceso a una educación
apropiada, hubo de truncar su expresión artística.
Nos asomamos al siglo XX, un siglo lleno de cambios en todos niveles.
Durante sus comienzos fueron Argentina y México (4)
los países que comenzaron a dar los primeros frutos teatrales.
Las etapas de crecimiento se marcan más claramente en la Argentina:
Desde un comienzo costumbrista, (fin de siglo a 1914) seguido por uno
"universalista" en el que la influencia extranjera está
más marcada, con figuras como Pirandello (5)
y Antonin Artaud influyendo en la creación artística latinoamericana
(Solórzano 54). Dentro de este período se ubica Josefina
Plá (1909).
Con motivo de la guerra civil española, los intelectuales del
continente comienzan a preocuparse por la definición y la afirmación
de los rasgos carácterístlcos de cada país, con lo que
viene la tendencia nacionalista (1936 a 1943). La segunda guerra mundial
marca el surgir del nuevo teatro universalista y trascendelista en los
cuarentas (Solórzano 54).
La clasificación se turbia un poco después de los cuarentas
al igual que la realidad que domina el mundo. Se da paso ahora al "teatro
de interrogación" o existencial, teatro del absurdo, revolucionario
y de compromiso social y al comienzo del teatro popular. Durante los
años cincuenta, el movimiento general es de auto-examen de la
realidad inmediata, ahora con un sentido de crltíca mas agudo.
Los dramaturgos se orientan hacia problemas originados por la condición
misma de su patria pero que se extienden hacia telnas del teatro contemporáneo,
tales como la soledad, el aislamiento y la imposibilidad de la comunicación.
Aqui podemos situar autores como las mexicanas, Luisa Josefina Hernández
(1928), Maria Luisa Algara (1916-1957), Maria Luisa Ocampo (1907), Margarita
Urueta (1913), Elena Garro (1902), Maruxa Vilalta (1932). De Chile tenemos
a Isadora Aguirre (1919) y Maria Asunción Requena (1915).
A partir del fin de la decada del cincuenta y más específicamente
con la revolución cubana, surge el Nuevo Teatro que Beatriz J.
Rizk define en términos de un teatro básicamente popular
"no en el sentido de alcanzar mayor recepción en el pueblo,
sino porque se preocupa por los problemas que conciernen a su público
al tiempo que le pide a este público una mayor participación
y transforma sus espectáculos en base a esta aportación"
(Rizk 19). La importancia del público es evidente. La obra en
sí..."ya no es lo que importa primordialmente sino lo que
ésta aporte" (6)
La única dramaturga incluídaa por Rizk es Griselda Gambaro
(1928). Cronológicamente, Rosario Castellanos (1925-1974), Susana
Torres Molina (1946) y Myrna Casas (1934) también pertenecen
a este período. A pesar de los obstáculos para el crecimiento
del teatro (7), éste
continua enriqueciendo el teatro universal.
El teatro no es sólo prosa o verso . . . El Teatro
no es una realidad que como la palabra pura, llega a nosotros por la
pura audición. En el teatro no sólo oimos slno que, más
aún y antes que oir, vemos. Vemos a los actores moverse, gestictular,
vemos sus disfraces, vemos las decoraciones que constituyen la escena..."
(Ortega y Gasset 456)
En otras palabras, el texto literario es creado para ser representado.
De esta forma, Jose Ortega y Gasset trata un tema necesario de mencionar
al hablar de teatro y compararlo con uno de sus componentes, el texto
dramátlco. Este último describe la parte escrita o literaria,
la parte que no tenía lugar en La Commedia dell'Arte u hoy en
dia en algunas obras de teatro popular. Mientras que el teatro es literatura
y espectáculo, el texto dramático, "por su parte,
es sólo literatura -creación de lenguaje -" (Villegas
10), pero que constituye una entidad de por sí y, para nuestro
propósito, la entidad con que realizaremos nuestro análisis.

Período Colonial
Dos figuras destacadas en México durante el Virreinato son Juan
Ruíz de Alarcón (1580-1639) y Juana de Asbaje y Ramírez
o Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695). A ambos autores se les
ha elogiado por su ingenio y su buen gusto dramátlco. Para nuestro
propósito, bástenos con saber que Alarcón precedió
a Sor Juana Inés y que por este motivo se habla de la influencia
artística que &eeacute;ste, al igual que renombrados autores
españoles como Calderón de la Barca, hayan podido tener
en aquélla.
En el campo teatral Sor Juana escribió tres autos sacramentales
(8) (El
Divino Narciso, El Cetro de Jose y
San Hermenegildo) y dos comedias. Refiríendose
al Divino Narciso, Saz expresa que "la
mezcla de hondo misticismo, de alta poesía religiosa.., de un
difuso sensualismo" son elementos que Sor Juana "supo equilibrar
con un arte, una pureza, con una femenina sensibilidad..en una poesía
digna de Garcilaso..." (65) dictados que Elaine Showalter calificaría
de "ad feminam criticism" (14), por cuanto se elogia la obra
por su autora más que por la obra en sí, lo cual se revela
en los calificativos "femeninos" de su crítica. El
peligro estriba en la tendencia a "feminizar" la obra basándonos
solamente en el hecho de que ha sido escrita por una mujer.
Si consideramos a Sor Juana bajo una perspectiva histórica,
la excepcionalidad de su caso es evidente; en verdad no ha dejado de
marcarse como "curioso" (Saz, I: 54) lo que ante nuestro raciocinio
de hoy es apenas sensato: (9)
una mujer con sed de conocimiento. En donde la perspectiva histórica
nos ayuda es en comprender que en su época la educación
era un privilegio masculino (lo cual ella audazmente satiriza en su
copla "Claro honor de las mujeres / de los hombres docto ultraje
/ que probáis que no es el sexo / de la inteligencia parte"
(Obras, 77). ) Su conducta causa la censura por parte del Obispo de
Puebla, contra lo que ella se defiende con la conocida Respuesta
a Sor Filotea de La Cruz. En esta carta-ensayo, presenta una
defensa en la que se fraterniza con todas las mujeres del mundo:
And in the name of womankind she demands her rights,
makes intelligent comparisons between women and men, and sets forth
ideas and arguments that Prefigure the most advanced concepts of feminine
emancipation. (Hiriart 3)
Sor Juana sapía bien que la preparación intelectual era
considerada innecesaria para la mujer, y aún había quienes
decían que era "dañina." Su vocación
intelectual exige una Decisión, y ella la toma: "Entreme
a religiosa porque, aunque conocía que tenía el estado
muchas cosas repugnantes a mi genio, con todo, para la total negación
que tenía al matrimonio, era lo más desproporcionado y
lo más decente que podía elegir..." (Respuesta 34).
A la observación del Obispo de que ella había dedicado
más tiempo a lo profano que lo religioso, contesta con sabiduría:
"Una herejía contra el arte no la castiga el Santo Oficio,
sino los discretos con risa y los críticos con censura"(30).
También lamenta la falta de mujeres preparadas que pudieran preparar
a las más jovenes. Dos años antes de morir, Sor Juana
se vió forzada a renunciar a sus estudios, vendió una
biblioteca que contaba con más de cuatro mil volúmenes
además de numerosos instrumentos musicales y matemáticos
y firmó sus renovados votos con sangre.
Las ideas feministas de Sor Juana se filtran en su obra dramática
secular. Es en ésta en donde convendría recurrir al análisis
feminista. De sus dos comedias, El amor es más
laberinto (1668?) y Los Empeños de
una casa (1684?), la crítica coincide en que la segunda
es la mejor prueba de su talento dramático y en la que se percibe
cierta calidad autobiográfica. No debemos descontar tampoco su
aporte a la crítica del teatro en la que se adelanta al metateatro
de Pirandello. (10)
La figura de Doña Leonor coincide con la suya. Una mujer "sabia
e inteligente que encuentra la admiración de todos pero no la
felicidad" (Saz, I: 67); tanto Doña Leonor como Sor Juana
son admiradas por su belleza y conocimientos, pero esto, en lugar de
facilitar, complica su vida. Doña Leonor huye con el hombre que
ama y es descubierta. Busca refugio en casa de doña Ana quien,
por casualidad, ama al mismo hombre con quien doña Leonor había
tratado de huir. La historia se complica cuando se descubre que el hermano
de doña Ana también ama a doña Leonor. Como en
toda comedia digna de serlo, al final el conflicto se resuelve felizmente.
Lo que llama la atención es el comentario que Sor Juana hace
sobre las costumbres cortesanas y la importancia dada a la apariencia
de la mujer. En la obra, Castaño, el criado de Doña Leonor,
se atavia con atuendos de mujer, un atuendo de la época, complicado
y encubridor:
-¿Qué les parece , Señoras,
este encaje de ballena?
ni puesta con sacristanes
pudiera estar más bien puesta.
Es cierto que estoy hermosa.
¡Dios me guarde que estoy bella!
Cualquier cosa me está bien,
porque el molde es rara pieza.
Quiero terminar de aliñarme
porque aun no soy dama perfecta.
Los guantes; aquesto si,
porque las manos no vean. . .
El manto lo vale todo,
echómelo en la cabeza.
¡Válgame Dios! cuánto encubre
esta telilla de seda!
Una vez ataviado, prepara sus maneras afeminadas:
-Vaya pues de damería:
menudo el paso, derecha
la estatura, airoso el brío;
lnclinada la cabeza,
un si es no es, al un lado;
la mano en el manto envuelta;
con el un ojo recluso
y con el otro de afuera;
y vamos ya que encerrada
se malogra mi belleza.
Temor llevo de que alguno
me enamore. (Obras 685)
Su temor no es en vano puesto que Don Pedro cree en verdad que éste
es su amada Leonor y logra que le prometa que será su esposa.
Como Saz se pregunta, ¿Es su comentario sobre la frivolidad de
los hombres o sobre el juego eterno de las mujeres que seducen con apariencias"
(69)? Aunque agraciada por su belleza, Sor Juana se atreve a ridiculizar
el alto valor dado a la apariencia física y en su discurso revela
una mujer "offended by the customs and prejudices" que asignan
aquellos papeles de adornar y agradar a la mujer (Hiriart 4-5).
Gertrudis Gómez de Avellaneda nace en Cuba (1814-1873) y se
vincula a la literatura española en 1840 cuando Zorrilla la presenta
oficialmente en el Liceo de Madrid. Es la primera mujer que triunfa
en el teatro en Madrid y lo hace con Alfonso Munio,
estrenada en 1844. Esta tragedia trata del amor prohibido y castigado
por Munio cuando mata a su hija y luego pedir su propia muerte. La obra
fue elogiada por la crítica, aunque a la autora la satirizó
Villergas, un crítico de la época:
Y tienen razón y media
que es más difícil, al fin,
escribir una tragedia
que zurcir un calcetín (Saz, I: 305)
Gómez de Avellaneda es la más prolífica escritora
latinoamericana; cultivó todos los generos literarios entre los
que se destacan su poesía y teatro. En total escribe dieciséis
dramas, doce de ellos en verso. Fue con Leoncia
(1840), que comenzó su carrera en el teatro, una obra con elementos
de la tragedia clásica: celos, locura, incesto, fatalidad, religión,
amistad y amor apasionado. También aporta al teatro un tema poco
cultivado por sus sucesores, el tema religioso.
Y es a propósito de este, que escribe la que se considera su
obra maestra: Baltasar (1856). La obra trata
de un tirano, poderoso y corrupto rey de Babilonia, un hombre magnífico
que busca desesperadamente un gran amor... para poder aniquilar su aburrimiento.
En ella "la versificación es extraordinariamente buena".
Fue luego traducida al francés y al inglés y estrenada
en 1858 con la asistencia de los reyes. El suyo fue uno de los "mejores
dramas románticos." Ha sido reconocida, entre otros críticos,
por Menéndez Pelayo, Jose J. Arrom, Chacón y Calvo, (Saz,
I: 308) y se le menciona entre los clásicos del teatro hispanoaméricano
como uno de los mejores dramas sicológicos del siglo a pesar
de que por tratar un tema bíblico no se lee tanto como se debiera.
Gómez de Avellaneda es una mujer fascinante por su rebeldía
frente al convencionalimo social. al igual que Sor Juana, goza desde
pequeña de una educación privilegiada (vale aclarar que
Sor Juana fue autodidácta, mientras que Gómez de Avellaneda
contó con tutores privados) y gusta de leer enormemente. Cuando
muere su padre, comienza a mostrar su descontento y se acrecienta su
pasión por los libros como escape a los dictados convencionales.
La domesticidad del hogar le molesta y prefiere la vida intelectual
de los grandes espectáculos sociales y literarios. Es en España
donde despliega su fuerza de carácter y determlnación,
al igual que su ambición literaria, lo que incita la crítica
y el chisme. Es comparada con George Sand, a pesar de que las dos escritoras
solo coincidían en su actitud frente al matrimonio: no les era
importante. Para Gómez de Avellaneda lo esencial era el amor
y rehusó la idea de que el matrimonio era la única alternativa.
al igual que Sor Juana, Gómez de Avellaneda defendió el
derecho que la mujer tiene de escoger su destino. En sus comedias defiende
el derecho de la mujer de ser libre. En La aventurera
(1853) y La hija de las flores (1852), por
ejemplo, exalta a las mujeres que no se intimidan cuando se enfrentan
al poder.
En 1852, después de un largo tiempo en España, donde
se publicaron todas sus obras, y donde había establecido su reputación,
Gómez de Avellaneda pidió se le concediera el privilegio
de ocupar la silla que dejara su maestro Juan Nicasio Gallego. La Real
Academia Española, casi unánimemente le negó su
petición (Mata Kolster 170) a pesar de que la calidad de su trabajo
era igual y, en casos, superior a la de los académicos.
Como resultado de este incidente y su infelicidad personal (se casa
dos veces pero nunca con el amor de su vida), Gómez de Avellaneda
publica una revista semi-mensual, Album Cubano
(179) en la que incluye artículos en defensa de la mujer en los
que refleja el dolor causado por la estructura literaria masculina.
Quien probablemente expresa mejor el caso de Gómez de Avellaneda,
al igual que de Sor Juana, es Griselda Gambaro, la más conocida
dramaturga latinoamericana. Según Gambaro, encontramos en textos
escritos por mujeres un "subtexto anticipatorio" aplicable
a obras de Colette y Virginia Woolf entre otras, pero que bien describe
aquellos de Gómez de Avellaneda y Sor Juana. "El subtexto
dice, en una época que oficializaba lo contrario:
'el matrimonio no será mi salida, mi destino o la expresión
de mi yo'." Su yo exigió vehículos de expresión
entonces vedados a la mujer: vehículos literarios ("Algunas"
473). (11)

Durante la primera década de este siglo (período costumbrista
en Latinoamérica) se destaca Florencio Sánchez, a quien
Agustín del Saz llama el "Rubén Darío del
teatro" (Saz, II: 137). Sánchez es la figura más
importante del teatro costumbrista, período durante el cual ninguna
mujer resalta. A propósito de sus personajes femeninos, sin embargo,
es de notarse que ellos "han servido al autor para exponer todo
género de ligerezas, de frivolidades y de falta de amor por la
vida" mientras que los masculinos simbolizan "la lucha entre
el despojado y el invasor" (Solórzano 10). Bajo estas circumstancias,
los modelos de un dramaturgo de talento resultan inutilizables para
las escritoras que han de venir, por cuanto la imágen que presentan
de la mujer es metafórica - la que los hombres perciben, y no
la que ellas han pretendido enseñar.
Como dramaturga, Josefina Plá (1909) ha escrito y estrenado
numerosas obras, pero quizá la más conocida sea Historia
de un número (1949), un drama en once tiempos consecutivos
que muestra la vida de un joven que al nacer no es reconocido por su
padre, y consecuentemente no es reconocido por la sociedad. "Suavizado
por una equilibrada mezcla de poesía y ternura aparece [su] tema
que es la enajenación del hombre en la sociedad actual, que le
convierte en un número, el de una cédula o documento de
identidad... la carencia de ese número condena al hombre a la
pérdida de sus derechos elementales, sumergiéndole en
un mar de trabas burocráticas" (Suárez Radillo 22).
Es un drama en el que se discierne más de un nivel interpretativo.
Historia de un número fue "descubierta"
como comenta Celia Correas de Zapata, por Carlos Solórzano y
"tardó tanto tiempo en representarse que la autora la llamó
el 'teatro del rechazo'" (39).(12)
En 1976, Plá participa en el "Cuarto Concurso de Obras
Teatrales en Paraguay." Sus tres obras, escritas veinte años
antes, se introducen bajo tres seudónimos diferentes, Palimpsesto,
Fiesta en el río, Blau, Las
ocho sobre el mar y Skorpios La cocina de
las sombras. Las tres reciben, para la sorpresa del jurado, primero,
segundo y tercer premio respectívamente. A Fiesta
en el río se le elogia por "su perfecta estructuración,
la calidad del lenguaje poétlco y la densidad de la trama;"
sobre Las Ocho sobre el mar se habla de "originalidad,
agilidad de la intriga y poesía latente;" en cuanto a La
cocina de sombras, se le premia por la "plasticidad del
juego escénico, la profunda vivencia humana que revela y por
su desarrollo y hondura filosófica" (Pelayo García
3).
Fiesta en el río (1954), la obra
ganadora del concurso de 1974 (y la única publicada del trio)
es de interés para nosotros por cuanto encaja dentro de la dramaturgia
feminista. La protagonista, Cristina, se encuentra atrapada en una sltuación
de injusticia y se rebela contra ella siguiendo su propio instinto.
La obra describe un ritual en una aldea lejana. En una noche de invierno
se sumerge en el agua del río, hasta que desaparezca la luna,
a las mujeres solteras que se encuentren embarazadas. La única
salida que tiene la mujer es señalar al hombre culpable de su
estado o esperar que éste accepte su responsabilidad. La estructura
es convencional, pero su tema es íntegramente feminista. Cristina
rehusa participar en el ritual y debe huir, aunque lo hace por voluntad
propia puesto que su novio - un hombre pasivo que ha tenldo que soportar
con paciencia el continuo postergar de la boda - se hace responsable
de Cristina sin ser el padre de la criatura. Con todas sus semejanzas
a un drama lorquiano, esta obra cobra tonos diferentes por cuanto en
lugar de un final trágico, la autora permite que Cristina tome
control de su situación.
El tema feminista está implícito en Momentos
estelares de la mujer, estrenada en 1949. El drama es una ilustración
de los incidentes más significativos en la vida de ocho mujeres
ilustres: Frine, Cornelia, Santa Elena, Beatrice, Juana de Arco, Isabel
la Católica, Sor Juana In&eaucte;s de la Cruz y Madame Curie.
La conección que establece entre ellas es la del "eterno
femenino" (Solórzano 73), tema sobre el cual escribirá
Rosario Castellanos su conocido drama.
Gran parte de la obra dramática de Josefina Plá permanece
inédita, sobre todo si consideramos que ha escrito veinte comedias
largas y cuatro breves. Sus tratados sobre cultura paraguaya y su poesía
han recibido más atención. Su nombre se hace conocido
en el mundo literario con la obra Historia de un
número en la que el protagonista es un hombre. Es de notarse
que esta obra también comenta sobre la importancia de ser reconocido
por un varón en la sociedad. El tener sólo a la madre
(hijo natural) resta dignidad al individuo.
Luisa Josefina Hernández (1925) fue dlscípula de Rodolfo
Usigli, influenciada por las teorías Freudianas y su posición
como mujer en México. Es una gran figura del teatro mexicano
y conocedora profunda del arte: "ha guiado su creación al
análisis de personajes provincianos, de conflictos cerrados en
medio del ambiente familiar, de sacrificios menudos, de pequeños
golpes y agresividades contenldas (Solórzano 178). Los
frutos caídos (1956) y Los huéspedes
reales (1958) se consideran sus obras más completas y
las que servirán para nuestro análisis.
La protagonista de Los frutos caídos,
Celia, tiene veintisiete años, es divorciada y se ha vuelto a
casar; tiene dos hijos de diferentes padres. De regreso a su hogar provinciano
debe enfrentarse a un joven que la ha perseguido en su viaje y que la
ama. Celia no es feliz pero rechaza al joven. Al igual que has otras
mujeres de la casa, ella parece incapaz de ejercer un cambio radical
en su vida; a pesar de su aparente posición autónoma (una
mujer a punto de disponer de su propiedad) sucumbe al igual que los
demos pers onajes. Magdalena, su tia, es la constante protectora de
su marido y vive en torno a él a pesar de resentir su mediocridad.
Paloma nunca se ha casado: "no me casé, ni tuve noVios,
ni conocí hombres. No me han explotado, ni he sufrido por nadie,
ni nadie me ha exigido nada" (447), y finalmente una jovencita
de dieciocho años a quien Celia advierte que sus deseos nunca
se realizarán por pequeños que sean.
La situación fuera de lo común es la de Celia casada
y aparentemente "manteniendo" a su esposo. Según Fernando,
su tio político, "las mujeres que le dan dinero a sus maridos
no se lo dan por nada. Se lo dan para que ellos no tengan derecho a
reclamar y ellas puedan engañarlos más comodamente. Sostienes
a tu marido para poderle ser infiel" (450). Este "cambio de
papeles" tradicionales en el que la mujer es la que provee, es
algo que Fernando, no puede aceptar, y de lo que se vale para atacarla
y por ende mantenerse como administrador-dueño de la casa:
En estado de semi embriaguez , ... la ha golpeado con
la única arma que la vuelve impotente , pués, aunque ha
tenido dos maridos y acaba de conversar con el tercero en potencia ,
piensa que ha sido infiel. Pero Fernando no queda satisfecho, continúa
un ataque personal, sobre su carácter, llamándola ladrona,
hipócrita, asesina de su propio padre (por disgusto de su divorcio
y subsecuente matrimonio) y prostituta (Knowles, "Labyrinth"
28).
Este encuentro hace que Celia dude y decide regresar a la ciudad y
desistir de la idea de vender la casa.
En Los huéspedes reales existe un
conflicto clare entre Cecilia, la protagonista, y su madre, ambas envueltas
en un triangulo de celos por el padre. Cecilia parece obsesinada con
la idea de llegar a ser la esposa de su padre y se niega a casarse con
su pretendiente. Al enfrentarse cara a cara con su padre, éste
se suicida. Cecilia al final acepta su destino y decide casarse. Gloria
Feiman lo ve claramente al decir "but her rebellion and her revenge
will be exacted, through hating her new husband, being sexually indifferent
to him, and forcing him to bring her back to her parents' home"
(78).
Otras obras conocidas de Hernández en las que Feiman ha encontrado
temas similares son La hija del rey (1965)
y Los duendes (1960). En ellas, segun Feiman,
"Hernández pits the increasingly mechanized systematic,
rational world of the male characters against the more spontaneous,
unexpected and richer reality of her female characters...Her women figures
are in conflict with the aspirations that the society at large has for
them and they assert themselves in different ways" (79). Y además:
Hernández's plays challenge numerous norms for
Latin American society. She is challenging the society around her by
presenting dissident voices, by giving life to situations that do exist
and that are uncomfortable, such as hostility between mothers and daughters,
"dark passions" between fathers and daughters and the double
standard of sexual morality for man and for woman, and are therefore
conscious of the roles that society expects them to fulfill" (76).
Frente a estas dos obras que reflejan la tortura sentida en carne de
mujer, tenemos la voz de la autora que desdeña la soledad, la
falta de comunlcación y que expresa en una entrevista en la que
se le pregunta por la falta de voluntad de sus personajes femeninos
y, por ende, del aspecto feminista de su obra:
. . . eso del movimiento de la liberación da
la mujer aquí sale sobrando. Aqui el problema es de hombres y
mujeres por igual . . . A mí nunca me ha pasado nada por ser
mujer. Nada" (Rodríguez, "Entrevista" 75).
No por esto disminuye el pesimismo y el cinismo de la autora. Es aquí
donde convendría recordar algo de su biografía: Hernández
es hija de un juez de la corte suprema qua tuvo una influencia pervasiva
en su vida; ella misma asistió a la Facultad de Leyes pero luego
decide seguir su vocación literaria. Su madre, venida de provincia,
inculcó en la autora los valores tradicionales de la época.
Su insistencia llegó a crear fricción entre ambas y provocó
resentimientos. Como Knowles afirma en su artículo, "Hernández
is, it seems, basically a person filled with moral anger" que luego
refleja en sus personajes ("Labyrinth" 137).
Si bien es cierto que sus personajes desafían el orden establecido,
también lo es que la necesidad de afecto que sienten sólo
se paga con la frustración. El análisis sicológico
que Hernández logra hacer de sus personajes deja ver en claro
una ira reprimida que roe a sus protagonistas. Lo que tenemos en su
obra es el deseo por la autonomía truncado por las circumstancias
que trae como resultado la resignación pasiva de los personajes;
quizá una realidad más latinoamericana que la que presentarían
los "finales felices."
Las obras de Griselda Gambaro (1928) han sido traducidas al italiano,
francés, alemán, checoslovaco, polaco y sueco. Ha viajado
extensamente y recibido numerosos premios. Su caso es bastante especial
y hasta cierto punto paradójico: Mientras que su obra teatral
se calificaba de violenta y cruel, la autora en sí permanecía
sujeta a una tradición de mujer dependiente. En el transcurso
de cerca de veinte años, su actitud cambia y este cambio se refleja
en sus obras. He aquí lo que ella misma dice en una entrevista
realizada en 1978:
- Did you study drama in any formal way?
- No, I simply have a dramatic intuition. You see, I completed five
years of secondary education and then worked for two years for a publisher
and later in business and accounting until I got married and my husband
emancipated me.
- Can you earn a living as an author?
- No. Not at all.
- What work you do then?
- Domestic labor. My husband supports us financially; sometimes I am
able to help a little. And I contribute by tending to the home even
though I don't like that type of work ... (Picon, Women's
54)
En cuanto a su trabajo:
. . . One often has a single theme, and I probably have
mine, the problem of passivity. It must be due to my personal reasons;
I am a very cowardly woman.
- Do women authors deal with some themes differently than male authors?
Is there such a thing as feminine or masculine literature?
- Mercedes Valdivieso [autora y amiga de Gambaro] believes that feminine
literature is discernible through the relationships between characters.
It is a wise observation. Women do have a certain view that expresses
itself through those relationships. I have no exhaustive evidence to
support this idea. I would have to read more, undertake some research.
But I feel the principle to be sound. However, I refuse to write "like
a woman." It comes naturally, one doesn't think about it; one simply
is a woman and doesn't write like a man." (55)
En una entrevista realizada seis años mas tarde, Gambaro muestra
un cambio radical en su actitud hacia la mujer que viene - como ella
misma lo reconoce - como resultado de su visita a Francia cuando "I
had the opportunity to meet the feminists of France, and began reading
about the specific problems related to women. I started to realize things
which, before that time, I had only felt in an instinctive way"
(Betsko 194). He aquí partes relevantes de esta entrevista:
-Do you believe that there's a female esthetic?
-Yes. I believe so. I think with time this will become more clear. Still
among us (all of us, men and women alike) the vision is a little amorphous.
As women, we should try to make our vision less shapeless. At least
in my case, I'm trying to do that..."
-In your early work, the main characters are male. Have
your women characters become less peripheral over the years?
-Yes. Beginning in 1976, my female characters started to be the protagonists.
In my most recent plays, the main characters are women. And I believe
that my women characters have more ideological weight. That's a response
to the fact that I myself am much more conscious and understanding of
what it is to be a woman..." (Betsko 186)
En efecto, el apunte que hace sobre la mujer como personaje es corroborado
por Becky Boling: "Conviene notar que a diferencia de los primeros
dramas de Gambaro, en los más recientes, la mujer ha llegado
a reemplazar al hombre como protagonista central y que este cambio de
enfoque proviene de una nueva toma de conciencia por parte de la dramaturga"(83).
(13) En un artículo
de Gambaro, publicado en 1985, la aurora expresa su punto de vista sobre
la mujer y la literatura en el que su pregunta es "¿Qué
pasa con mi propia escritura cuyo humor negro y dureza no se encasilla
fácilmente dentro de lo que se entendió durante siglos
como una escritura 'femenina'?" que ella define como "gusto
por el detalle, intuición y sensibilidad extremas, destierro
de la crudeza verbal y temática." El resultado desfavorece:
el lector se vuelve "impermeable, desinteresado, o bien la escarnece;
la lectora se resiste: entra en conflicto con su propia imágen
impuesta" (Gambaro, "Algunas" 473). Veamos sus obras
en detalle.
Entre las primeras figuran El Campo (1967),
El Desatino (1965) y Los siameses (1967),
todas catalogadas dentro del cuestionable rótulo de "teatro
del Absurdo" (14)
y de "teatro Cruel." El esquema que siguen es de presentar
una dualidad de victimario-víctima, un personaje activo, opresor
y otro pasivo, oprimido. El elemento cruel lo describe Evelyn Picon
Garfield en su análisis de El Campo.
En éste muestra como la obra cumple con el "Decálogo
de la perfecta crueldad" (Picon, "Una" 96) y menciona
que "la antítesis de la crueldad, no es la bondad, "the
opposite of cruelty is freedom" señalando la meta (libertad)
que implícitamente persiguen los personajes. Igualmente cumplen
con este catálogo las otras obras mencionadas si fuésemos
a evaluarlas bajo esos términos.
A pesar de que Gambaro no abandona el modelo descrito al escribir El
despojamiento en 1981, esta obra es de nuestro interés
porque, en forma transparente, presenta por primera vez a una mujer
como la víctima individual. Dos personajes, un Muchacho y una
Mujer conforman la acción que dura un acto. La Mujer es una actriz,
no joven, de "elegancia deteriorada" que puede representar
todo tipo de madres, locas, cariñosas, distinguidas..."
hará "mamás y después abuelas..." (121).
En esta oportunidad tiene que "representar" a una seductora
para complacer el placer voyerista del Muchacho, creyendo que si se
niega puede en realidad perder la oportunidad de obtener un papel.
Ella se muestra insegura desde el comienzo. Al entrar a la sala de
espera "deja la cartera y el sobre encima de la mesa. Se quita
la capa. Duda. Se la pone nuevamente. Da unos pasos, piensa, se quita
la capa. La dobla y la coloca sobre el sillón. Duda..."
(120). El Muchacho no habla, domina la acción con sus ademanes,
mientras que a la mujer se le permite hablar. No obstante, su monólogo
no es escuchado: "Sin pronunciar palabra, el Muchacho la va despojando
de sus efectos personales: fotos, sombrero, zapatos, pendiente... Finalmente,
ella misma termina colaborando con su opresor: se quita la falda se
la alcanza al Muchacho..." (127). De la misma forma es esta Mujer
víctima del abuso de su esposo, en su propia casa:
Me acuerdo aquella vez cuando Pepe me pegó hasta
dejarme de cama, y las vecinas llamaron a la policía y yo les
dije: 'Aquí no paso nada, me caí de la escalera' (Ríe)
¡Se quedaron con un cuarto de narices! Y Pepe vino y me besó.
En cambio, si lo hubiera acusado, ¡Pobre Pepe! ¡qué
humilación! Para él, para mí..." (124)
Lo que Gambaro ha logrado mostrar con El despojamiento
es la posición de la mujer que "stands in patriarchal culture
as signifier for the male to her bound by a symbolic order in which
man can live out his fantasies and obsessions through linguistic command
by imposing them on the silent image of woman still tied to her place
as bearer of meaning, not maker of meaning" (Boling 62). Al presentar
a esta Mujer en su ambiente, totalmente despojada de su ser autónomo,
Galabaro deja una marca clara de protesta muy en línea con la
realidad de la mujer en Latinoamérica. "¿Qué
es lo que quieren? ¿Cómo debo comportarme? ¿En qué
lugar dice como una debe comportarse? En qué lugar?" (123).
A la mujer se le ha privado de su dignidad, se le ha robado su identidad
y se le ha atribuído otra en relación a su compañero
masculino.
Méndez hace una observación relevante al agrupar los
personajes de Gambaro en pares siguiendo la dlcotomía activo-pasivo
en cada obra y observa que "No hace falta haber leido/visto estas
obras para adivinar quienes son los opresores y quienes los oprimidos
... Tanto en los textos como en el contexto, el poder está en
manos de los funcionarios, los Francos, los hombres ... del mundo"
(839). Es una observación casual aunque lejos de ser gratuita
porque en ella encapsula la realidad social latinoamericana.
El feminismo en la obra de Gambaro ya ha sido explorado por Kirsten
F. Nigro quien en su artículo "Discurso femenino y el teatro
de Griselda Gambaro", trata de aplicar los principios que F&eagrave;ral
y Wandor exponen en su crítica feminista. Comienza declarando
que la falta de temas feministas en la obra gambariana es una forma
de llamar la atención sobre ellos, advertir que brillan por su
ausencia, aunque luego admite que aparecen implícitos: la victimización
de Ignacio por Lorenzo en Los siameses tiene
implícita una oposición entre lo activo/lo pasivo, el
de arriba/el de abajo, el fuerte/el débil; o sea lo masculino/femenino..."
en el que lo femenino, al ser reemplazado por un hombre, "insinua
que no es sólo el órgano reproductivo lo que se percibe
como femenino, sino el que se le atribuya a algo o alguien, connotaciones
asociadas con la mujer." Según Nigro, el personaje femenino
encarna dos extremos: uno totalmente pasivo o uno absolutamente dominante:
aquel de "un ser peligroso, devorador de hombres como lo es la
madre en El desatino" (67).
Nigro continuá arguyendo que Gambaro cumple con lo que Rosemary
K. Curb exige: que se produzca teatro en el que el sujeto se presente
"tal como lo definen otros" (66). Esperando, quiza, ¿concientizar?
Donde Nigro deja de acertar es en su análisis del lenguaje. De
acuerdo a Fèral, el discurso feminista es "fragmentado"
con una gramática dislocada y "anti-racional" (69).
Como bien reconoce Nigro, el lenguaje de las mujeres en el teatro de
Gambaro no coincide con esta descripción. A pesar de que el elemento
irracional parece presente (en las imágenes grotescas como la
de Emma, piojosa y calva, en El campo, el
monstruo con su mono y mejillas pintadas en Nada
que ver (1983), o los muertos que no mueren en Del
sol naciente (1984)) Nigro, al igual que Gambaro misma, coincide
en aclarar que estas imágenes tienen mucho que ver con la realidad
argentina y por tanto cobran carácter mayormente social y político.
A pesar de que Wandor también cataloga este tipo de teatro como
feminista (15) encontramos
la catalogación un tanto forzosa por su generalización.
Es innegable la atención que Gambaro le presta a la situacion
de la mujer. Una forma clara de verlo es si comparamos a Emma, un personaje
de su temprana producción (El Campo
1967) con Dolores, personaje de La Malasangre,
escrita tres lustros después (1982).
En El Campo, Franco, el dueño de
una hacienda, contrata a Martín para administrar sus cuentas.
Allí conoce a Emma, quien entra en escena vistiendo harapos,
calva, sin zapatos y con una herida en la mano. Se introduce como una
pianista y se refiere a Franco como "su mejor amigo y guardian."
Sufre un constante escozor, especialmente cuando está en presencia
de Franco. Franco es el victimario y se ensaña contra ambos en
forma sutíl. En una escena, Franco le pide a Emma que dé
un concierto en honor de Martín. Emma accede pero, para su sorpresa,
las teclas del piano están muertas - sabotaje de Franco - y su
público, compuesto de guardianes y presos, la insulta. Franco
insiste en que toque y cuando Martín protesta, lo detienen.
Emma misma se rebela contra Martín en las ocasiones en que éste
busca ayudarla. Su voluntad de acción está completamente
origina planes y los lleva a cabo - quien más se acerca al tipo
de personaje dueño de sí mismo, capaz y activo.
Rosario Castellanos muestra desde temprano, en su tesis doctoral, "Sobre
cultura femenina," interés por la situación de la
mujer. Sus modelos fueron entre otros, Simone de Beauvoir, Simone Weil,
and Virginia Woolf. Ahern nota:
Their role in development of her feminist ideology is
evident in the numerous essays to and about them. Castellanos was particularly
impressed by de Beauvoir's arguments that culture determines gender
values and role, and that myths distort the images of women" (1296)
Este será, por ende, un tema recurrente, no sólo en su
obra dramática, sino en todo su trabajo. Castellanos (1925-1974)
cultivó todo género literario pero, en comparación
con su conjunto de poesía y obra narrativa, su obra dramática
es reducida, consistiendo de tres obras: Tablero
de damas (1952), Petul en la escuela abierta
(1962) y El eterno femenino (1975). Dado
el tema de esta última obra, no podríamos dejar de examinarla.
El eterno femenino es una farsa en tres
actos que se publica un año después de la muerte de su
autora. Ha ganado atención popular a pesar de que en México
se censuró el segundo acto (en el que se presenta a Sor Juana,
la Emperatriz Carlota, Adelita y otras figuras femeninas mexicanas con
propósitos desmitificadores). Según Nora Eidelberg, El
eterno femenino encaja dentro del "teatro lúdico",(16)
que surge en los sesentas en Latinoamérica, a pesar de que la
intención didáctica es clara y lejos de ser incidental.
Esta idea la cuestiona un artículo que analiza con detalles los
recursos que usa la autora: el hecho de que la acción ocurra
en un salón de belleza, los giros irónicos, el distanciamiento
y la metateatralidad (Bockus 49) y que califica el drama de brechtiano
o épico.
La obra no presenta un conflicto explícito. La acción
tiene lugar en un salón de belleza en el que Lupita, "mujer
promedio mexicana -- y latinoamericana, por analogía-- con todos
los prejuicios y reacciones de la clase media" (Eidelberg 165),
está haciéndose peinar para su boda el mismo dia. La dueña
del salón coloca en la secadora un nuevo invento, un aparato
eléctrico que induce al sueño y evita que las clientas
"piensen." Sin que Lupita lo sepa, la dueña gradúa
el aparato en "¿Qué me reserva el porvenir?" (32)
y Lupita comienza a soñar...en cuadros visibles al espectador.
"Cada cuadro lleva un título apropiado y son parodias presentadas
en clichés verbales y teatrales" (Eidelberg 166) comenzando
con su luna de miel, su embarazo hasta sus dias de solitaria vejez.
Aqui vemos como el texto dramátlco ofrece ventajas sobre el
representado. Al usar títulos, por ejemplo, Castellanos encamina
al lector, indicándole lo que debe esperar. Pero luego, al presentar
lo inesperado, su humorismo se torna más eficaz. Por ejemplo,
"la anunciación"(36), trae a mente el momento sacro
para la Virgen María, y en efecto, Lupita descubre su embarazo
y se muestra contenta pero en lugar de una voz angelical, inmediatamente
llega su madre a educarla sobre el comportamiento adecuado de una mujer
decente que "no tiene motivo para ser feliz.., y si lo tiene lo
disimula." Y luego procede a mostrarle como debe manipular a su
esposo para lograr todos sus caprichos. Igual ocurre con la "Apoteósis"
y/o "Crepusculario" en otros momentos de la vida de Lupita.
Estas referencias tocan aspectos sagrados en un país cató1ico
por excelencia, como lo es México, e inducen a reflexionar sobre
creencias aceptadas sin cuestionar a lo largo de la historia. En otro
cuadro, por ejemplo, Lupita sueña que está de vuelta en
el Paraíso bíblico. Alií revive la historia de
la serpiente y la fruta prohibida, en forma totalmente diferente a la
habitual, en la que la mujer era de culparse por desobedecer y tentar
al hombre.
La intención de Castellanos no es la de derrumbar creencias
religiosas en sí; su fin lo ocupa primordialmente el cuestionar
aspectos de indoctrinación social cuyo fin es el de promover
el papel convencional de la mujer que "[l]a iglesia, el Estado
y los autores de literatura y música populares y de radio y telenovelas
han propagado con gran éxito..." (165) La eficacia de esta
obra consiste en ilustrar el proceso de amoldamiento al que se ha sometido
a la mujer.
Castellanos muestra no sólo a la Lupita esposa y madre sino
tambien a la solterona enclaustrada mirando al mundo; la prostituta;
la "Usurpadora", amante de un hombre casado que se ve abandonada;
la "Mujer de Acción", una reportera que entrevista
a una pianista, una funcionaria pública y una astrónoma,
todas encarnadas por ella al ponerse diferentes pelucas. Luego hace
de feminista intelectual, la cual describe Castellanos en detalle:
Se le nota que tiene un grado académico pero
que ello la ha hecho más consciente de su feminidad , más
cuidadosa de su apariencia . . . se mueve con seguridad y eficacia pero,
en cada movimlento.. . da a entender que esta dispuesta a abdicar de
su independiencia en la primera ocasión conveniente (179-180).
"La verbosidad y la prédica en [el] último cuadro
desmedran la obra" segun Eidelberg, aunque no por ello deja de
reconocer su mérito, que "reside en el empleo acertado de
la parodia y de la ironía para repudiar y combatir los valores
falsos de la sociedad..." (170).
Myrna Casas nace en Puerto Rico en 1934. Su aflción por el teatro
comienza desde niña y a él le dedica su vida; se "casó
con el teatro" como ella lo expresa. (l7)
Enseñó por treinta años en la Universidad de Puerto
Rico, durante cinco de los cuales ocupó la dirección del
Departamento de Drama. Actualmente continúa dirigiendo su grupo
"Producciones Cisne." Es una de las dramaturgas más
reputadas de los últimos años (Eidelberg 164) que se mantiene
activa en el campo artístico. Só1o una de sus obras (Cristal
roto en el tiempo) ha sido lncluída en la antología
Teatro Puertorriqueno, una compilación
de las mejores obras representadas cada año. Hasta ahora Myrna
Casas ha sido la única mujer incluída.
Junto con Cristal roto en el tiempo (1960),
Myrna Casas ha escrito Absurdos en soledad
(1963), Eugenia Victoria Herrera (1964),
La trampa (1964), El gran circo eu craniano
(1970) (presentada en el Festival Latino en New York, 1988-89) y Tres
(1974). Sus obras pertencecen al teatro de la Vanguardia del que ella
misma ha senalada las características. (18)
Esta aurora trata el problema femenino "desde un punto de vista
individual e íntimo. Los personajes femeninos se debaten en conflictos
sicológicos y las situaciones dramáticas tienden a insertarse
en la modalidad del teatro lúdico..." (Eidelberg 165). Valiéndose
situaciones cotidianas e incidentes aparentemente insignificantes, Myrna
Casas desentraña sutílmente los temores y la incertidumbre
de sus personajes.
Para nuestro análisis, comenzamos con Cristal
roto en el tiempo, obra en la que la atmósfera que circunda
a los protagonistas está cargada de pesadumbre. La autora le
da la voz a "la conciencia" de una casa habitada por cuatro
mujeres: Doña Laura, originalmente una aristócrata, ahora
dueña de una casa de prostltución; Manuela, su criada;
Amelia, una prostituta y María, una joven mujer alcohólica
abandonada por su novio. Esta voz acusa a las mujeres de cobard&iaucte;a
y señala este defecto como la causa de su fracaso. "In analyzing
their actions, however, it becomes clear that each woman has arrived
at her position because of the influence of a dominant, decisive male
figure." Laura, manipulada por su hermano "playboy" y
por su esposo; Manuela, quien le sirve solo por fidelidad hacia el difunto
padre de Laura; Maria, "once a sensitive and dedicated singer,
winds up an alcoholic after her musician lover leaves her to marry a
wealthy patroness" (Cypess, "Women" 34). Al igual que
ocurre con las protagonistas de Luisa Josefina Hernández, éstas
carecen de voluntad, están atrapadas en moldes de los que se
sienten incapaces de salir. "[W]ithin this generally pessimistic
view of reality, the possibility for personal fulfillment for the female
is significantly lower than for the male." (Feiman 83).
En obras como La trampa, en la que la acción
gira en torno a ritos sociales (en este caso el matrimonio), "los
personajes femeninos se rebelan contra esas instituciones sociales que
las han esclavizado por siglos... Son mujeres descontentas con la vida
que llevan y están dispuestas a luchar y escapar de la realidad
en que viven ... (García del Toro 10).
Al juzgar por el análisis que Luz Maria Umpierre hace de Absurdos
en soledad, ésta no es la primera vez que se mira a la
obra de Myrna Casas con un enfoque feminista. En este drama en particular,
hay dos protagonistas, una actriz y una niña (nótese la
falta de nombres propios) y la acción la marca la actriz quien
entra en escena buscando el escenario. Los dos niveles que Umpierre
desmantela (teatro y sociedad), se mantienen en efecto hasta el final
cuando la actriz logra finalmente "subir" al escenario y desde
allí comienza a contar su historia - historia que comienza cuando
ella era niña - lo que completa una doble estructura circular.
Lo que Umpierre hace es tomar cada escena y revelar su significado
"a la luz de la crítica feminista radical" (3). Luego
de señalar el uso de "mujer" como un signo, prosigue
a trazar el camino que "ella" sigue en busca de su propia
definición. Al mismo tiempo rechaza el rótulo de "absurdo"
aplicado a la obra:
La historia que la actriz relata en escena hace que la
obra concluya en forma inteligible y por ello, es una negación
del teatro del absurdo y de la salida o huida de la mujer del escenario
hogar como solución final a su búsqueda de identidad .
. . en el plano extra-teatral se niega la convivencia con el hombre
(matrimonio-union) como única solución para la mujer (12).
En forma detallada, Umpierre presenta implicaciones para las que el
texto da lugar: la expulsión, por ejemplo, de la actriz cuando
la escena pone en pie cna situacion política; el hecho de que
la niña haga muñecas de "sangre y hueso", lo
cual advierte la ausencia de la carne, hecho del que deriva el siguiente
análisis:
La insistencia de la niña en [sangre y no camm]
lleva lo dicho a un segundo nivel en donde la mujer es utilizada como
objeto (muñeca) para la propagación de la sangre, y desde
el comienzo de la historia fue señalada como dependencia del
hombre - hecha del hueso o la costilla de Adán. La omisión
de la palabra "carne" lleva al observador . . · a inferir
un significado mayor - el placer de la carne no es asociable tradicionalmente
con la mujer, [mientras que] el dolor de la sangre es patrimonio femenino.
(7-8)
Como lo es el dolor causado a la niña cuando finalmente la actriz
sube al escenario. En lugar de la prevista regresión a "nena"
por parte de la mujer, (19)
lo que tenemos es la unión de dos mundos en el que el de la niña
da paso al de la mujer.
Resulta claro que a través de sus obras, Myrna Casas se une
al grupo de mujeres dramaturgas que logran expresar el motivo feminista
en trabajos de calldad creativa.

Uno de los aspectos en común que tienen las dramaturgas aquí
presentadas es su preocupación por la condición de la
mujer, lo cual se traduce en la orientación feminista - consciente
o inconsciente - en sus obras. El teatro es, de por sí, un medio
que se presta para transmitir este mensaje porque, en las palabras de
Griselda Gambaro, "exige un enfrentamiento directo con el público"
y recibe una reacción inmediata.
Es de reconocerse que en un tipo de estudio de este género la
obra analizada es tan importante como la vida misma de las autoras.
Por esta razón, detalles de su vida resultan indispensables.
La vida de Sor Juana de la Cruz, por ejemplo, da mas testimonio de su
sentir feminista que su obra misma.
El teatro está vivo en Latinoamérica y propagándose
entre las masas. El número de dramaturgas cuyas obras podriamos
incluir seria aun mayor, pero las limitaciones de espacio no lo permiten.
Entre ellas están, por ejemplo, las mexicanas Elena Garro, Maruxa
Vilalta; la uruguaya Alfonsina Storni, la chilena Isadora Aguirre y,
entre las más recientes, la argentina Susana Torres Molina (1948),
cuya maestra ha sido Griselda Gambaro. El caso de Torres Molina en particular,
ilustra la importancia de reconocer talento que luego motiva a la creación
entre los jovenes. (Debemos añadir que en una de sus obras, ...Y
a otra cosa mariposa es desde ya evidente la postura feminista.)
Quizá en una fecha futura una segunda parte de este estudio podría
aparecer, dando cabida a estas autoras y a las más que vendran.
Como nota final es interesante notar que las mujeres dramaturgas han
recibido más atención por parte de mujeres críticas
que de hombres. Virtualmente todos los ensayos sobre sus obras llevan
una firma femenina, una actitud que merece reevaluarse.

1 Algunos de estos artículos
están escritos por las dramaturgas mismas, como es el caso de
"¿Es posible y deseable una dramaturgia específicamente
femenina? LATR, No. 13/2 (1980): 17-21 de
Griselda Gambaro. Lo que tienen en comun es la protesta por la poca
atencion dada a las obras escritas por mujeres dramaturgas.
2 Villegas ha definido como
"motivo" al "esquema conceptual que se carga de contenido
en el momento de su actualización. A juzgar por las definiciones
abstractas que de él se han dado (ej., "un motivo se halla
constituído por la fusión íntima, en un todo indisociable,
de su esquema conceptual y de su forma verbal" segun Irene Kalinowska,
en El concepto de motivo en la literatura
[54]) es algo mucho más inteligible por medio de ejemplos. El
viaje es un motivo en La Odisea, la opresión
es otro en Casa de muñecas de Ibsen.
El mismo motivo, puede adquirir diferentes matíces según
su contexto. Juan Villegas, Interpretación
y Análisis del texto dramátlco.
3 Prueba de la existencia
del teatro Precolombino la dan obras como el Popol
Vuh, el Ollentay y el Rabinal
Achi.
4 Segun Saz, la Casa de
Comedias de México fue el primer teatro en America.
5 Al grupo de los 7 de México,
pioneros del teatro, se les conoce como "los Pirandellianos."
6 Agrega además la
tremenda influencia de Berthold Brecht y su teorí que incluye:
Sobre la estructura:
- El hilo de la acción / fabula tiene función primordial.
- La divlsión rompe con los tres actos tradicionales y se convierte
en pasajes episódlcos contínuos.
- El tiempo presente se narra como pasado y se confronta con el futuro.
- Acción interrumpida por comentarios.
- Multitud de personajes.
También antilde;ade aspectos sobre el montaje y el uso de la
técnlca del distanciamiento. Beatriz J. Rizk, El
nuevo teatro Latinoaméricano (Minneapolis: The Prisma
Institute, 1987), 41-49.
7 William I. Oliver en su
introducción a Voices of Change in the Spanish
American Theater (Austin: University of Texas, 1971), menciona
los variados problemas que interfieren con la creación libre
de teatro en Latinoamérica, entre ellos: la presencia del cine
que se convierte en competencia; la inestabilidad política; la
censura; la arraigada nacionalidad que impide un intercambio de obras
que exaltan valores nacionales; la limitación económica
que forza al autor a escribir obras de entretenimiento, cuidándose
de hacer crltíca social. (10)
8 Obras alegóricas
donde se personifican las virtudes la virtudes y vicios y se exaltan
el misterio de la eucaristía y las verdades fundamentales de
la religión catolica. Tuvieron auge en el siglo XVII.
9 Un comentario que trae
a colación la observación de Joanna Russ en How
to Suppress Women's Writing (Austin: University of Texas Press,
1983) 76-86 quien dedica un capítulo a la "anomalía."
"She's is an anomaly" se dijo del caso excepcional de Woolf,
comentario basado en el hecho de que era mujer y de que tenía
talento.
10 En El
Sainete Segundo de Los empeños de
una casa, Sor Juana hace una crítica humorística
pero cargada de censura sobre el teatro mismo. Los personajes de este
Sainete (en un anticipo al teatro dentro del teatro Pirandelliano) comentan
sobre el progreso de la obra misma y murmuran sobre el autor. Encuentran
las jornadas más largas que un correo" "los versos
forzados" e incluso piensan que hubiese sido mejor elegir algo
de Calderón o Rojas para evitar los silbos. Sor Juana In&eaucte;s
de la Cruz, Obras completas (México:
Porrúa, 1985).
11 Ver tambien "Sor
Juana Inés de la Cruz y Gertrudis Gómez de Avellaneda:
Dos voces americanas en defensa de la mujer" de Georgina Sabat
de Rivers, Homenaje a Gertrudis G. de Avellaneda
(Miami: Universal, 1981) 99-110. De Susan Kirkpatrick, Las
románticas. Women Writers and Subjectivity in Spain 1835-1850.
(Berkeley: University of California Press, 1989).
12 Vale aclarar, sin embargo,
que asi denominó la autora a su obra porque sus personajes son
los marginados de la sociedad.
13 Peter Roster declara
el cambio en térmlnos un tanto diferentes: "Hablando muy
a vuelo de pájaro, podemos describir su trayectoria como una
que va desde la pasiva aquiescencia de la victima-cómplice a
la toma de conciencia de su estado enfermizo y finalmente hasta la lúcida
rebelión..." "Griselda Gambaro: De la voz pasiva al
verbo activo," En busca (43).
14 Por cuanto se justificó
bajo la idea de que no tenían coneccion con la realidad y al
mismo tiempo se censuraban por el mismo motivo. La autora misma se niega
a calificar sus obras de absurdas y las refiere más bien al Grotesco
criollo: "La mezcla de lo patético y lo trágico y
lo tragicómico" En busca 72.
15 Wandor cataloga este
tipo de teatro como femenino socialista en el que la meta es desbaratar
la estructura que reprime todo ser humano. Michelene Wandor,
"Beyond Brecht: Britain's New Feminist Drama." Theatre
Journal 38 (1986): 154-63.
16 En sus palabras: "Es
un teatro implícito que exige un proceso deductivo por parte
del espectador ... la acción dramática se centra en el
juego, sin intención didactica ni fin utilitario; si estos aparecen
son incidentales." Teatro experimental
... (193). Para una definición de teatro dentro de teatro, usa
la dada por Robert Nelson: "imitation of an event through the dialogue
and action of impersonated characters occurring within and not suspending
the action of just another imitation" (15).
17 En una entrevista telefónica
con la autora de este estudio. 15 de Abril de 1990.
l8 Entre ellas señala:
acción y personajes fragmentados, algunos simbólicos;
diálogo "que no sigue una secuencia lógica, lenguaje
crudo, de crítica al igual que otro "cargado de bellas imágenes
poéticas; es un teatro que se ha valido de movimientos como el
dadaismo, el surrealismo, el expresionismo, y el existencialismo. Teatro
de Vanguardia (Lexington: D.C. Heath & Co., 1975) 3.
19 Umpierre hace un comentario
sobre la costumbre de llamar "nena" a la mujer en Puerto Rico.
Señala que la presencia de las nenas al final de la obra para
anunciar que la obra ha concluido indica lo que ocurre tradicionalmente
cuando la mujer es la nena de su padre, luego de su novio y finalmente
de su esposo. "Inversiones ..." 11.

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